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Tu tía buena gente también tiene un vicio

Hace mucho tiempo que se perdió ya el delicado arte de aconsejar. En el manual de la vida que todos terminamos de leer al momento de la llegada de  la adultez, es decir, cuando la gente considera que ya aprendió todo lo que valía la pena aprender de la vida, se perdió el capítulo que explica cómo, cúando y porqué dar un consejo.

Lo que es peor, justamente, los adultos, dado que ya saben todo lo que vale la pena saber, comienzan la tortuosa tarea de aconsejar a quiénes tienen cerca, tortuosa para sus oyentes, que no supieron escapar a tiempo. La adultez es la época preferida por todo el mundo para dar consejos. En parte se debe a que alcanzada la edad adulta, están lo suficientemente cansados para llevar acabo la tarea que se requiere por sí mismos, pero no tanto como para que les insuma la menor fatiga el simple hecho de requerirle a otra persona que haga la misma tarea por ellos.

El problema esencial con los consejos, va estrechamente ligado al relativo a las buenas acciones y es que el consejo, como toda buena acción, invita al sacrificio, y nunca al placer, esto lo explica a la perfección Ricardo Coler en una nota editarial de la revista La mujer de mi vida titulada Desconfío de los buenos. El bueno quiere algo de vos, quiere que hagas algo que no querés hacer, y por bueno, terminás haciendo, susurra Ricardo escondido detrás de una puerta, con la esperanza de escapar de un tía que lo quiere ver bien.

El consejo especialmente malo, tiene alguna de las siguientes características: carece de originalidad (ha sido dado muchas veces), está más cerca del deseo de quién lo da que de quién lo recibe o es mucho más sencillo darlo que llevarlo a cabo.

¿Por qué no te hacés Perito Calígrafo? ¡ No sabés lo bien que les están pagando! Dice la tía, después de escuchar con un poco de envidia la buena suerte del hijo perito de una vecina en la clase de Aqua-Gym.

¿Sabés que te vendría bien a vos? ¡Comer menos y hacer más ejercicio! Dice una abuela con una sobredosis de Selecciones.

¿Cuándo vas casarte y tener hijos? (Un nene y una nena) Dice una madre preocupada por su descendencia.

A la familia le toma menos de cinco segundos decir una de las frases anteriores. Satisfacer esa demanda, en cambio, requiere toda la vida. Alarma.

La primera vez que me das un consejo, es una sugerencia amable, la tercera vez que lo repetís es presión y tenemos un problema. Me arriesgo a decir que es la mayor causa de distancia entre familiares de distinta generación.

En lo que a mí me toca respecto a este comportamiento, lo único que puedo decir es que trato de nunca aconsejar a nadie. Primero de todo porque es una responsabilidad muy grande, sé que tengo que responder por mis aconsejados, si el consejo resulta malo el culpable soy yo. Si doy un consejo que la persona no quiere recibir, soy un molesto.

Haciendo memoria encuentro fácilmente tres consejos que he dado y resultaron perjudiciales para el receptor (contra toda previsión mía), consejos dados en una época en la que yo era más buena gente y mucho menos lúcido que ahora. Me arrepiento públicamente de mis consejos no solicitados. Le pido a quién me escuche alguna vez estar aconsejando sin previa solicitud, impune, me aplique un sopapo correctivo.

Señores padres, tíos, abuelos, padrinos, hermanos mayores y verduleros, los consejos no se dan, se piden.  Las persona más evitada del mundo es la que repite consejos indeseables. Señora tía, si sus sobrinos no le hacen caso y rehuyen de usted, puede remediar lo segundo abandonando su vicio por el consejo, para lo primero de todos modos no hay solución. El consejo es un vicio peor que el cigarrillo sin filtro. Esto no lo dicen en la revista Selecciones, más que nada porque está escrita por gente buena distanciada de su familia de tanto consejo, y no le queda otra que escribirle al desconocido  sobre las bondades de la sopa de zapallo.

Sepan ustedes que no sólo me quejo como un crío sino que me dedico a buscar soluciones. Desde hace unas semanas, decidí remediar de una vez y para siempre, esta falencia de la sociedad que opera con mayor fuerza destructora en el círculo familiar, lo pongo en negrita para que quede claro. Si no logro que mi familia abandone este vicio, no nos vemos más, en serio. El remedio que estoy poniendo en práctica consta de un sencillo mecanismo burocrático que impone cierto rigor, ciertas responsabilidades, contexto y límite a la libertad del resto de las personas del planeta a suministrarme un consejo intenso.

Confío en que, gracias al antídoto que estoy poniendo en práctica, mis lazos familiares se verán fortalecidos. Como muchos tratamientos, opera a largo plazo (no hay soluciones mágicas), primero se abandona, de a poco, el estímulo tóxico más fuerte: el consejo indeseado repetido (esto se va a lograr gracias la sección de resarcimientos ecónomicos que acuerda el aconsejante). Luego, le siguen el resto de los consejos: aquellos no solicitados emitidos por primera vez (esto se obtiene gracias a que el procedimiento aplicado obliga al aconsejante a incurrir en un gasto de tiempo y energía mucho mayor que en el caso de consejo tradicional oral) . De a poco, se van dejando solo los estímulos positivos, permitiendo que estos se acumulen, y haciendo que las ganas de escapar de los bonachones se vuelvan un recuerdo borroso. Pero me voy dando cuenta de que estoy dejando el asunto de lo más confuso, veamos un ejemplo para que quede claro.

Tengo en mi mochila un talonario de tamaño oficio que consta de una serie de formularios (seis hojas por formulario) cuya finalidad se explica en breve. Solo uso el talonario cuando hace falta. Apenas escucho “¿Por qué no …”,”¿No te convedría…” , “¡Pensá si no querés…”, “¡Fijate que a lo mejor…”, “… lo que tenés …”,  yo abro el cierre de la mochila e interrumpo a quién me habla con la palma derecha extendida al frente sobre su pecho, y luego digo:

Me parece que estás por darme un consejo.

Mientras mi interlocutor evita emitir una respuesta directa -dando muestras de una cobardía miserable, de un disimulo sospechoso-, yo busco con una mano en la mochila, y saco envoltorios de caramelo pegoteados, monedas, paquetes de pañuelos descartables, pilas sulfatadas y por fin, mi nuevo talonario. Si esto que está tratando de decirme quién tengo enfrente tuviera que ver con mis deseos en lugar de los suyos, no harían falta tantos rodeos, no haría falta esquivar la mirada.

¿Estás por darme un consejo, sí o no ?

Mientras está tratando de esquivar un sincero sí, digo, yo empiezo recortar hojas troqueladas, y a depositarlas sobre la mesa. Entonces, cuando el otro se pierde en su evasiva, tratando de enfocar la letra 9 del formulario y lo mira con cara de esto que carajo es y me mira a mí como si acabara darse cuenta de que está frente a un funcionario  de migraciones de un aeropuerto internacional, yo digo:

Acá tenés una birome, voy a buscarme un café.

Inmediatamente, desaparezco por unos quince minutos, a menos que me llame por alguna duda sobre cómo se completa cierto lugar en blanco, cierto tilde, o multiple-choice (Ahí tenés que poner cuánto tiempo creés que le llevará al aconsejado, o sea, yo, llevar a cabo el consejo. No hace falta que sea exacto, poné un estimado. Ahí tenés que poner un ejemplo de algo que pueda salir mal, pensalo un poco que ya se te va a ocurrir).

Espero que no me tomen por cerrado, ya que aún acepto todo tipo de consejos, vengan de dónde vengan. Eso sí, el precio que se paga es completar el formulario y aceptar los términos estipulados allí: sin formulario no hay oreja: te callás o me voy,  le grito como un loco a una tía segunda que tiene el vicio y está acostumbrada a que los documentos legales los llene su marido. Al final de esta página pueden ver el formulario. Conociendo a mi familia como la conozco, estoy seguro de que voy a comenzar a acumular consejos documentados con el nuevo método en dos o tres días. Los mantendré al tanto por este medio, adjuntando los comprobantes correspondientes.

El que quiera probar suerte con este procedimiento, siéntase libre de hacerlo, el documento aclaro está bajo licencia Creative Commons, pero eso sí, yo no se los aconsejo, ni dejo de aconsejárselos. Cada uno que haga lo que quiera no vaya a ser cosa que me tomen por una de esas tías buena gente que tiene el vicio.

click aquí para ver el formulario completo en una ventana aparte

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11 Responses to “Tu tía buena gente también tiene un vicio”

  1. Laura dice:

    Voy a tener que hacer muchas copias y viajar en remis a lo de algunos familiares!

    Me encanta que hayas vuelto!

  2. Susana dice:

    ¡Cómo perdemos poder los mayores! Primero sólo dábamos órdenes: levantate, andá a la escuela, hacé la tarea. ¡Y creíamos que eso era mucho trabajo!
    Luego pasamos a las preguntas retóricas: ¿no te parece que es hora de levantarte (ir a la escuela, hacer la tarea)?
    Luego los consejos, y ahora, ni eso, con tanto formulario y multas.
    Creo que encontré la brecha: comentarios de lo que hacíamos nosotros cuando éramos jóvenes (en mi época…). Aunque me parece que no estoy siendo muy original. Tengamos presente que esto siempre conviene hacerlo cuando no están nuestros mayores presentes, no sea cosa que nos dejen en evidencia.

    • Hernán dice:

      Creo que cambió solo la forma pero no el contenido. No creo que se aconseje menos que antes, tal vez sea que se esté usando una forma políticamente correcta: “porqué no te fijás si” en lugar de “porque yo lo digo”. Los dictadores pasaron de moda, mejor decir que vamos a liberar a los jóvenes de las malas elecciones.

      Her.

      En mi epoca hacíamos todo lo que yo quería.

  3. Martín dice:

    Buenisimo! Metele facebook!

    (Espero que esto no califique como consejo… Ehm… Quien puede estar tocando el timbre a esta hora?)

  4. David dice:

    Creo que el estilo de la página podría cambiar un poco. No se… demasiado blanco. A la gente les gusta los colores, el diseño cargado. Pero en general… muy bueno.
    Eso sí, me parece que estas pasando demasiado tiempo delante de la compu. Porqué no te vas a jugar a la plaza con los otros chicos. Así, tomás sol y haces ejercicio. Un vaso de vino durante las comidas hace bien al corazón, pero no mucho, eh?

  5. Marcela alias la TIA dice:

    Che me parece que han generalizado con respecto a las tías, no me considero de ese arquetipo!
    Pero si algún día cuadro, me coparía que me lo hagan notar. Besos y sin consejos…

    • Hernán dice:

      La TIA, sos mala gente entonces. ¡Qué alivio!

      Cito a Ricardo nuevamente:

      “Cuando por distraído quedo capturado por un bueno, y comienza a suministrarme una bondad intensa, extraño a mis amigos mala gente. [...] Son honestamente mala gente. Sin vueltas, frontales. Se les nota en cuanto hablan”

      Un abrazo, y NVP

      Her

      N.V.P.=Nos Vemos pronto.

  6. Vanilka dice:

    Quiero post nuevo!

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