Hace dos años, Carl Andersson, mejor conocido como Carlitos o El Diablo, vino a Buenos Aires de vacaciones desde Suecia y decidió quedarse a vivir. Cuando le preguntan por qué se quedó, él responde sin dudarlo, le gusta mucho (muchou) que la gente le agarre la clavícula para saludarlo. Además le gusta comer asado (asarou) más que pescado. También dice que es una sorpresa agradable que, cada tanto, alguien que apenas conoce le pegue un chirlo en el cola y le diga ¿¡Qué hacés!? Lo que menos le gusta es el tener la piel pegajosa todo el tiempo y esperar el 112 a las dos de la mañana, horario al que ya se acostumbró a disfrutar.[...]