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Una Corrida Contra el Combo

El otro día pasé por McDonald’s para satisfacer el morbo y quedé aterrado. Paso a explicar, lo primero que me hizo fruncir el seño fue que no mostraba al Big Mac en la cartelera principal (y no porque yo sea demasiado suspicaz, sino porque un amigo ya me lo había advertido pero no terminé de creerle).

Lo segundo, fue leer el precio del producto en la miniatura de menú detallado. McDonald’s tiene una política muy dura con los clientes que osan intentar  saber el valor de venta individual de cualquiera de sus productos: el costo que se paga por dicha información es la tácita humillación de quedarse aislado, parado de cara a una pared  -como lo habría tenido que hacer un chico de jardín de infantes en penitencia-. Tenés que quedarte ahí parado, a unos quince centímetros de un menú tamaño A4  y letra ocho. Al común de la gente, leer el menú detallado de McDonald’s en la pared lo atemoriza más que ir solo al cine.

Cómo estaba haciendo trabajo de campo, de todos modos, me sometí al protocolo, y averigüé que el precio del combo en Buenos Aires es de $21.50.- , calculen que  este valor es alrededor de un 50%  del precio de cualquier otro combo.

Seguro sobra decir que me acordé inmediatamente del índice Big Mac que publica The Economist. El índice Big Mac es una tabla comparativa del poder de compra basada en lo que se puede comprar uno a nivel local con la moneda del país, en particular, cuánto cuesta comprar un Big Mac (pregúntenle a internet por Paridad del Poder Adquisitivo y Big Mac Index y están hechos). Repito para que quede claro, en Argentina, el combo de referencia usado por The Economist para construir su índice vale el 50% que el resto de los combos (y aún así es uno de los más caros del mundo).

Con esta información, hice lo que hubiera hecho cualquiera (¡y no! Nada de exigir explicaciones, ni elaborar teorías conspiranóicas), lo que hice fue pedirme el mismísimo combo, y lo que más me sorprendió del proceso es que me lo dieron sin decir ni mú (o lo que sea que hagan los gusanos sin pelos ni patas que aportan la sospechosa carne de los productos de la casa). Quién quiera puede investigar el origen y los motivos de esta distorsión o inventarse algo que lo deje contento. A mí, en cambio, me estimula más fantasear con las consecuencias  de tal situación sostenida en el tiempo.

¿Por qué razón la casa de la hamburguesa te va a regalar un Big Mac?  (La mejor respuesta del año tiene premio).

¿Quién está pagando la diferencia?

Miré alrededor y vi que mucha gente se estaba comiendo un Big Mac. Todo el mundo sabe que el combo está barato. Y entonces, mientras me comía unas papitas, me fueron surgiendo otras preguntas.

¿Hasta cuándo aguanta la casa de la hamburguesa con el combo a este precio ficticio?

¿Qué pasa si la gente se aviva, si empieza a sospechar que la cosa no puede durar, si sale a toda hora a llenarse la panza de hamburguesas subvaluadas?

Una corrida contra el combo. Eso pasa.

¿A cuánto se va el Big Mac si la casa central se queda sin lechuga?

¿Y si no lo quieren dejar ir a su valor de mercado pero no lo pueden aguantar más qué van a hacer?

¿Te van a pedir el documento para llevar un registro de cuántos combos comiste este mes?

¿Te van a pedir el nombre de tu gato antes de venderte?

¿Te van a pedir que pruebes que no te estás llenando la panza de hamburguesas con fondos del narcotráfico?

Imagino imposibles conversaciones entre vendedor y comprador en una sucursal cualquiera:

-El sistema no me autoriza la venta, usted ya se comió tres combos señor.

-¿Pero cómo puede ser si yo no comí afuera en todo el mes?

Lo lamento, por qué no se lleva una caja de aros de cebolla y los guarda en la heladera, son muy ricos también. Incluso si los congela puede que aumenten de tamaño, tienen bastante agua.

Y así la cosa, en un piolín escasean las hamburguesas en toda la city. Porque solo pueden frenarle el precio al combo acotando las pérdidas producidas por el subsidio y eso se hace a costa de vender menos  de lo que la gente está dispuesta a zamparse (y si la gente cree que la cosa no aguanta, si cree que no va a haber carne picada, pueden estar seguros de que se va a empachar de tanto Big Mac).

Por suerte, donde hay escasez, hay gente que sale a hacer negocios (buena gente) y te satisface el hambre o las ganas de comer a cambio de que uno pague el precio real de las cosas. Todo esto en lo que podríamos llamar un mercado paralelo o mercado negro de la hamburguesa (aprovecho para protestar contra el término mercado negro que intencionalmente hicieron que suene muy feo. El mercado negro  vendría a solucionar un problema tan importante como el hambre o las ganas de comer Big Mac o cualquier otra comida rápida).

Así es que el mercado negro de la hamburguesa puede aparecer de un día para el otro, y el precio del combo ahí no lo frena nadie. Es puro hambre y ganas de alimentar. Por supuesto, van aparecer los acomodos, el que sea amigo de un funcionario de la casa de la hamburguesa, te va a comprar el combo por ventanilla como si nada pero lo va a pedir para llevar, no para comerlo él. Todo para que lo puedas comer vos en el mercado negro pagando la diferencia.

Vas a empezar a escuchar los cantitos con voz de walkie-talkie cuando caminás por  el microcentro, en la avenida Florida o por la calle Corrientes, cantitos como:

-Cambio Combo, Cambio, Combo pago maaaás.

-¿Hambre? Cambio, Combo, Combo, ¡Caaaambio!

¿Y cuánto falta para que te quieran meter en cana por comprar combo en la calle que no te venden en el local? ¿Y por decir el precio del combo en twitter?

Pero bueno, por ahora no pasa nada. Los funcionarios de la casa de la hamburguesa también dicen que no pasa nada. Estamos todos contentos. Pero lo dicen cada vez más seguido. Dicen que hay lechuga para rato, por no hablar de la carne picada, que el combo no se va mover. Incluso, un funcionario salió a decir en estos días -con toda la buena fe de que es capaz alguien de la casa de la hamburguesa- algo que se escuchó una o dos veces antes, cuándo los combos eran de Pumper Nic o de alguna otra cadena. Dijo algo así:

El que apuesta al combo, pierde.

Ojalá. Sino va a correr mucho ketchup.


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3 Responses to “Una Corrida Contra el Combo”

  1. Arbolito de Florida y Lavalle dice:

    …¿A cuánto se va el Big Mac si la casa central se queda sin lechuga?… Genial!!!

  2. Malcho (?) dice:

    El miércoles 10 de agosto del 2011, compré un Big Mac en la sucursal de la calle Lima al 600 (?). Cuando estaba por agregarle mostaza, visualice dos bichitos, bastantes grandecitos, en la lechuga, entonces, le saqué una foto, me acerque a la caja y sin emitir palabra alguna, se lo mostré a la señorita cuya camisa difería del resto de los chicos (?), me miró aterrorizada, me pidió disculpas en voz baja, pensando que yo iba a gritar y/o hacer escandalo (?). Me dijo que pida cualquier producto de la sucursal. Le pedí una ensalada, a la cual ella misma le adjuntó papas y gaseosa en su mayor tamaño, y me dió un vale para que otro día, tenga free cualquier combo que quiera comer. Como justo trabajo al lado, fuí al otro día, me atendió la misma señorita, que se acordó de mi (?); efectivamente me dió el combo que le pedí, el BIC MAC, en su mayor tamaño y una cajita feliz, con los dos Ponnys que me faltaban de la colección (?). Así que por esa razón, Mac ME REGALÓ:una ensalada, papas, gaseosa, un BIC MAC y la cajita feliz con los dos Ponnys.

    • * aclaración (?) dice:

      Notesé (?) que big mac escrito en mayúscula, queda BIC MAC, para darle mayor enfasis al obsequio (?)

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