Print This Post

Cruces con Hombrecitos

Hace dos años, Carl Andersson, mejor conocido como Carlitos o El Diablo, vino a Buenos Aires de vacaciones desde Suecia y decidió quedarse  a vivir.  Cuando le preguntan por qué se quedó, él responde sin dudarlo, le gusta mucho (muchou) que la gente le agarre la clavícula para saludarlo. Además le gusta comer asado (asarou) más que pescado. También dice que es una sorpresa agradable que, cada tanto, alguien que apenas conoce le pegue un chirlo en el cola y le diga ¿¡Qué hacés!? Lo que menos le gusta es el tener la piel pegajosa todo el tiempo y esperar el 112 a las dos de la mañana, horario al que ya se acostumbró a disfrutar.
[...]

Cuando se mudó a Valentín Alsina (Varentín Aolsiro), lo hizo con el plan de adquirir un pequeño comercio que le diera sustento a su nueva aventura por tiempo indefinido. Dicho comercio fue la Santería San José. Carlitos, hijo de padres ateos, y nieto de abuelos agnósticos, fue mantenido ignorante de cualquier tradición religiosa y a causa de ello, creyó adquirir una tienda regalos autóctonos. Para comprender de manera cabal el comportamiento de Carl hay que entender que el desconocía el concepto de un Dios, y jamás se había planteado ninguna pregunta sobre el origen del universo. No era creyente, pero tampoco ateo, era algo nuevo.  No renegaba de la existencia de un ser superior, no creía en ella pero tampoco sabía que podía creer.  Hombre práctico como era, estaba ocupado con asuntos más inmediatos. Para ser más gráfico, si alguien le hubiera preguntado a Carl, a dos años de su llegada a la Argentina, ¿quién es Jesús?, él hubiera contestado: Un patotero de Remedios de La Escalada, pero no le tengo miedo.

La ventaja cambiaria con su país de origen le posibilitaron hacerse del local que quiso y emprender una remodelación. Hizo un modesto análisis de los números que figuraban en los libros de ventas que le dejaron sus antiguos dueños, una suerte de colección de cuadernos de almacenero, con anotaciones crípticas en los márgenes y mamarrachos. Gracias a ello descubrió que su producto estrella era cruces con hombrecitos (hombrecirous). Así es que le pareció que lo mejor sería llamar al local así: Carlitos Andersson’s Cruces & Hombrecitos, y lo hizo. Este fue el primer golpe al libro de ventas, que al mes siguiente registró una baja de un veinte porciento , medido antes de ajustes por inflación.

Un trabajo de inventario realizado más tarde por el mismo Carl le reveló que salían mucho también cruces sin hombrecitos (cruces de chapa y de madera). Este hecho le llevó a la compra de cruces de toda clase para ofrecer buena variedad y que la gente no se aburra: cruces de farmacia, llaves de cruz para cambiar neumáticos, señales viales de intersección, cruces de multiplicar, y más. Aparte de la variedad, esto lo llevó a dedicar una góndola a la venta de cruces. Como resultado, los clientes tenían que revolver largas horas los canastos para encontrar el tipo de cruz adecuado a sus requisitos.

También sucedía que, para total estupor de los clientes, Carlitos dijera frecuentemente al teléfono: mandame más barbudos de cerámica (cerámicou). Otro productos que salían mucho, eran aquellos que pendían bajo un cartel explicativo de Carl: collares unisex con pendiente del hombrecito. Dicho cartel le significó algunos gritos de clientes intolerantes, él se excusaba diciendo que hacía poco que estaba en el país y apenas conocía el idioma.

Una tarde descubrió gracias a un diccionario de español, las explicaciones de una anciana y un poco de buena voluntad propia, que la gente prefería cualquier producto a los que un viejo les habló bajito. Esto le trajo gran cantidad de problemas, porque él, siendo un rarísimo caso de vendedor bien intencionado, se metía en arduas discusiones tratando de convencer a los clientes de que llevaran los productos sin bendecir, que eran más baratos pero igualmente buenos.

Un día en que tenía el local repleto de gente, llegó a desafiar a toda la clientela del siguiente modo: tomó dos canastos de barbudos, uno bendecido y el otro no, y los mezcló. Luego, dijo en voz alta: ahora tienen mitad cada uno, el que pueda decir diferencia que lleve y cobro más barato. La gente, inmediatamente, comenzó a revolver los canastos y a revisar los barbudos con suma atención y muy pronto fueron acercándose a la caja con barbudos de toda clase, cuidosamente elegidos y todos adecuadamente bendecidos. Al rato ya no quedaba sino un único barbudo en cada canasto. Este hecho le dió a Carlitos cierto alivio ya que gracias a los ingresos obtenidos pudo traer otras novedades y reponer algo de stock, y todo a pesar de haber vendido algo más barato.

Entre las innovaciones, se encontraba la selección de libros que preparó Carl, algunos de sus títulos:  El Nuevo Testamento, Lo Primero es el Amor, Orar con el Padre Pío,  Los Misterios de la fe, toda la colección de novelas de misterio atlanta, Ser Padres Hoy, Biblia del Automovilista, La Biblia del Aeromodelismo,  Génesis y el Rock Progresivo,  Voy a ser Padre, ¿y ahora qué?  El derecho de sucesiones y el Testamento. Perfil del derecho Italiano de sucesiones. De los nombres del Padre, de Jacques Lacán. Muy pocos de estos libros encontraron un mercado dispuesto en dicha plaza.

El surtido de velas de colores que encontró en las estanterías sufrió también el golpe de la remodelación de Carl, el cuál se vio progresivamente desplazado por una colección de fanales de diseños llamativos muy a la moda en otros hámbitos. Otra de sus mejoras: haber incluído gran variedad de clavos: de cobre, de acero, con y sin cabeza, de variedad de medidas, todos en reemplazo de los viejos, retorcidos y oxidados clavos de La Cruz. Al surtido de saumerios, incienso, y palo santo agregó productos tales como desodorantes de ambiente, pulverizadores aromáticos de alimentación eléctrica y perfumes de precio variable, cosa que, afortunadamente, tuvo buena salida.

Algo que sorprendía notablemente a Carl era la cantidad de productos que salían en latín a pesar de que eran llevados por gente que no tenían el menor conocimiento de tal idioma. Esto le movió a conseguir un profesor de latín, tarea que le resultó bastante difícil. El profesor de latín daba clases una vez por semana de forma gratuita para los clientes. Los resultados que obtuvo en las ventas fueron regulares, por lo que más tarde decidió discontinuar el servicio.

Más lucrativo fue su servicio de micros directos Valentín Alsina a Luján, que pudo coordinar con un propietario de dos micros escolares del barrio. Sobre cómo llegó a la idea, Carl responde: Descubrí la veta comercial al ver que gente pregunta por reunión de clientes que quieren caminar hasta allá, son 70 kilómetros, locura completa. La clientela respondió bastante bien a la innovación.


Frecuentemente, Carl hacía demostraciones de sus productos a la clientela. Entre las más controversiales estaba aquella en que tomaba herrumbrosos Clavos de La Cruz dejados por los antiguos dueños de la tienda y los hacía competir contra sus nuevos clavos de fabricación nacional en perfecto estado, clavándolos ruidosamente sobre  un listón de madera. A los clientes que se animaran les daba un martillo y clavos de La Cruz.  Invariablemente, los clavos de la cruz resultaban perdedores puesto que estaban previamente doblados y eran imposibles de clavar adecuadamente. Son más baratos (baratous) y de mejor calidad, decía, invariablemente. Los clientes, salían aturdidos y enojados.

Carl se negaba a vender los viejos clavos aún ante ataques de furia de sus clientes que estallaban en maldiciones que no podía comprender. Hay que ser buen vendedor, si vendo mal producto, el cliente viene una vez y no vuelve más, repetía Carl.

Durante el tiempo que la tienda permaneció en funcionamiento, muchos clientes de Carl se retiraban del local diciendo cosas como: Jesús te va a castigar. Hacés enojar a Jesús o Polaco Ignorante y Blasfemo. Jesús esto y lo otro. Esto hizo que Carl creyera que un patotero de Escalada o Lanús, de nombre Jesús,  podía aparecerse cualquier día de estos a pegarle una trompada* o destruir el local.  Hecho que lo llevó a realizar una denuncia contra Jesús en la comisaría del barrio. Tenía una  ilustración de Jesús bajo el vidrio del mostrador y preguntaba a todos los clientes si habían visto a ese hombre. Desafortunadamente, muy pocos lo habían visto. Junto a la puerta tenía otra ilustración de Jesús, bajo la cual se leía: No te tengo miedo, hice denuncia en la policía. Pero la verdad es que tenía miedo, dormía y comía mal, preocupado por su economía y su seguridad, el deterioro de Carl empezó a notarse.

Cierta mañana que había ido a trabajar sin desayunar, encontró una bolsa con comida olvidada por sus antiguos dueños y tras llamarlos por teléfono para preguntarles si querían pasar a buscarla y tras recibir una negrativa, decidió abrirla y desayunar para que no se desperdicie. Mientras atendía el local como le era habitual, se untaba las galletitas (galletirous) con mermelada de frambuesa. Los clientes estuvieron diciéndole en mal tono cosas que no terminaba de enteder. Decían mucho El Diablo, palabra que sin embargo a Carl le gustaba mucho. A causa de ello Carl cambió el nombre de la tienda a: El diablo’s Cruces & hombrecitos. Para entonces, poca gente osaba ya entrar a la tienda de Carl. El día que alguien entraba a la tienda, si no se retiraba al ver el extraño mensaje de la puerta para Jesús, salía a toda velocidad al recibir el saludo de Carl: Soy El diablo (diablou), en que puedo ayudarle, señor*.

La tienda cerró transcurridos tres meses de su inauguración. El estado anímico de Carl y la fortaleza de espíritu que le caracteriza puede comprenderse claramente leyendo la última de sus cartas enviada a su hermano desde Valentín Alsina:

Hermano mío, no se qué más hacer, he sido arruinado, perseguido y aterrorizado por Jesús. La policía local no tiene la menor intención de investigar el caso. Por otro lado, el cliente argentino es tan caprichoso como exigente, desde afuera no lo parece. Debo decirte para serte franco que llevo dos años aquí, y aún no logro adaptarme por completo. El Diablo* ya no funciona, cerré la tienda este martes luego de que un funcionario estatal me pidiera dinero para permitirme mantenerla abierta.  El mismo día me sucedió que un grupo que ocultaba su  pelo tras pañuelo rompiera todos los cristales del local y me gritara: Jesús lo esta viendo todo. Demasiado*. El martes estaré de nuevo en Estocolmo, si la casualidad hace que se levante el paro* de Aerolineas Argentinas. Creo que un descanso me pondrá en forma de nuevo. Quiero que sepas que no pienso abandonar mi aventura tan fácil, quiero probar suerte el año que viene en Mar del Plata, una ciudad marítima parecida a Goteborg, según me dijeron aquí.

Me olvidaba, he descubierto unas galletitas increíbles para rellenar, aquí la gente no las entiende, creo que podríamos emprender un negocio familiar con esto. Por otra parte, ¿cómo ves la posibilidad de abrir una tienda de Regalos regionales argentinos allí? Sé que no eres partidario de vender cosas que no usarías y por eso me cuesta hacerte esta propuesta pero para mí un buen vendedor vende y punto*. Además tengo mucho stock en cruces con hombrecitos*.

Por favor, piénsalo, Carl.

O mejor dicho, como les gusta decirme aquí,

El Diablo*.”


* Nota del traductor: palabra en perfecto español en el original.


Tags: , , , ,

4 Responses to “Cruces con Hombrecitos”

  1. Matías dice:

    Lanús da para todo! es el partido de la oportunidad! jajaja
    Cambiando de tema…
    El otro día escuche que mataron a un remisero en lanús y automáticamente me vino tu historia a la mente. Será que era el mismo tipo? será que los compañeros lo mandaron a matar para evitar que él los matara? o será que el que lo madó a matar era algún amante despechado del remisero que sí era bufarra? finales… finales son siempre el problema de la literatura (diría Tatana de “Ala de Criados” de Kartun).
    Espero que andes bien!
    Un abrazo

    • Hernán dice:

      Mati, esta semana me doy una vuelta por la remisería. El plan es así: En caso de que el el remisero esté, me hago llevar diez o veinte cuadras hasta cualquier puerta, me bajo, amago con la llave, o tiro un sobre por abajo de la puerta, y le digo que me lleve de vuelta a la agencia con cualquier excusa, calculo que no va a sospechar nada. Si no está, me hago llevar lo mismo, pero por otro remisero y trato de sacarle conversación sobre antiguos compañeros de trabajo. Tal vez por quince mangos nos sacamos la duda.

      Abrazo, Hern.

  2. Matías dice:

    ch ch ch chh, eeeee, si, eeee bueno, simplemente para recordarte, si, a vos, autor de este blog, que hay un público que te sigue…. eso viste, no seas canuto y tirá un par de palabras que todos sabemos, te sobran!
    Buenas noches.

  3. Hernán dice:

    Buenas Mati, mi una excusa es que estoy hibernando. En cualquier momento aparezco, en serio. Abrazo, Her.

Leave a Reply