Hace algunos años, hicimos un pacto con David: durante mi cumpleaños, él iba a atender mis llamadas telefónicas, y durante el suyo yo haría lo mismo con las llamadas telefónicas que le tocaran a él. Aquel primer experimento duró solo un par de llamadas y fuimos conservadores, atendimos familiares que no vemos nunca y no dijimos nada que levantara sospechas. Este año lo vamos a repetir, pero lo vamos a hacer con todo. Para evitarnos traslados y estadías en casas ajenas, usaremos esa maravilla tecnológica que viene a ser el servicio de redirección de llamadas. Estoy seguro de que al final de la noche, los dos vamos a estar muy agradecidos. El que atiende, puede decirle cualquier cosa en nombre del cumpleañero, cualquier cosa menos revelar su identidad o dar a entender el engaño. El que atiende debe sostener el asunto hasta las últimas consecuencias. Lo bueno de no ser el del cumpleaños es que los dichos no tienen la menor consecuencia para uno y no hay mejor cosa para lograr una conversación interesante que ser inmune a sus consecuencias. Si la cosa sale como pensamos, todo el mundo va a pasar un buen rato.
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Desde años atrás que mis cumpleaños vienen siendo bastante flojos, por no decir muy flojos. Este año me prometí que iba a ocuparme del asunto con buena anticipación y ya mismo lo estoy haciendo, como ven. Lo primero fue revisar el ritual característico, hacer una lista larga de pros y contras, encontrar los puntos débiles y corregirlos. Por ejemplo, hay que resolver el asunto de atender llamadas de compromiso durante todo el día. En base al acuerdo que les comentaba que tenemos con David, lo doy por resuelto. Antes de que alguno se enoje, aclaro que, durante los 354 días restantes del año, atiendo llamadas telefónicas y móviles, correo electrónico en por lo menos tres cuentas y dos servicios de chat. Quien quiera saludarme genuinamente por mi cumpleaños puede hacerlo cualquier otro día del año. Me alegraría mucho, por ejemplo, que alguien me llamara un treinta y uno de octubre a las tres de la mañana, o un quince de enero, cuando todo el mundo está de vacaciones. Ahí si que hace falta gente que a uno lo llame.
El siguiente punto a estudiar de la lista es la canción de cumpleaños. El panorama es tan malo que no hace falta que explique demasiado. Dejemos de cantar ya mismo el feliz cumpleaños. Es una canción muy fea y a nadie le gusta cantarla. Además está el hecho de que la mayoría no sabe cantar y hace que suene peor de lo que es, como si fuera todavía posible. Es la canción más reiterativa del mundo, en serio. Vengan ustedes a pegarme un cachetazo si alguna vez disfrutaron de cantar un feliz cumpleaños. Que alguien venga a explicarme porqué veinte tipos que no cantaron ninguna otra cosa en su vida, tienen que juntarase a cantar la canción más insulsa del mundo cada vez que la fecha de nacimiento de un conocido común coincide en mes y día con la del calendario actual o casi. ¿Alguien se preguntó alguna vez porqué la canción más cantada del mundo es la menos vendida? No, vamos y la cantamos lo mismo.
Apenas terminamos todos de cantar, y cuando estamos por soplar las velas, aparece uno que dice: tenés que pedir tres deseos. ¿Qué clase de deseo puede uno improvisar de esa forma? En ese momento, con los pulmones llenos de aire, todos queremos lo mismo: que se apaguen la velas de un soplo, que el soplo salga sin escupidas y que en caso de que salga con escupidas, que nadie lo note. Si algún psicólogo busca una razón inconsciente al rechazo sistemático de la porción de torta en todos los cumpleaños, tiene ahí buen material para empezar. Pero, supongamos que alguien tiene la fuerza de espíritu suficiente como para que le importe poco que veinte allegados se coman una porción de torta escupida y que, en cambio, piensa tres deseos más allá de lo inmediato. Aun así, nos perdemos lo interesante del asunto, ¿por qué?, porque en cuanto aparece un destello fugaz sobre los ojos del cumpleañero que insinúa una revelación de sus deseos, un invitado grita desesperado: no lo digas, sino no se cumple. Bien enriquecedor podría ser para cualquiera que disfrute de la compañía de otro saber cuales son sus tres deseos del año. Tres deseos que elige por sobre cualquier cosa. Parece, sin embargo, que no hay nadie interesado en saberlo, qué lástima. Propongo a todos que digan tres deseos en voz alta durante su próximo cumpleaños, que previamente se estudie el asunto con calma, días o semanas antes, incluso. Esto no es cualquier cosa, son los tres deseos del año, viejo. Propongo además, que todos los presentes en mi próximo cumpleaños cuenten sus muy personales tres deseos, tres deseos en serio. Nada de “La paz del mundo”, “Que siga bien mi salud” y yo que sé. Ahí tenemos una reunión interesante, veinte personas y sesenta deseos en la misma sala, a ver quien ayuda, no nos vamos hasta encontrarle la vuelta para cumplirle un deseo a cada uno.
Basta de sacarle fotos a los tipos soplando velas, son todas iguales. Basta de escupir las tortas. Basta de tortas. Basta de tirones de oreja. Basta de apagar las luces y fingir emoción. Necesitamos gente que haga cosas fuera de lo común en las fiestas, no gente que venga a repetir la misma fiesta del año pasado.
Saquemos la torta, que sino después viene uno y da vuelta las velas con forma de números y se cree que está haciendo un chiste. Y si la velas marcan unidades en lugar de números viene el mismo y dice: apuremos que esto va a provocar un incendio, creyéndose gracioso. ¡Cuánto mal gusto! Esto es un cumpleaños, es una cosa seria.
No podemos detener el tiempo, por eso estamos acá y te hacemos el aguante.
Justo cuando David cumplió treinta años, estábamos caminando por la avenida Corrientes y recuerdo que no hubo grandes sonrisas, tirones de orejas ni canciones insulsas. No hubo nada de eso sino un dejo triste en el aire. Lo que atiné a hacer fue a comprar unos habanos y un encendedor barato en el kiosko, y nos fuimos al departamento. Y en el departamento nos fuimos al balcón y en el balcón nos fumamos los habanos a lo “Boston Legal”, con la misma seriedad que Alan y Dany se fuman sus habanos cada capítulo. Nada de grandes festejos, nada de dar vuelta los números ni provocar un incendio. Esto es un cumpleaños viejo, es cosa seria.
En la lista, tengo anotado también el problema de la ronda, los cumpleaños están muy mal hechos viejo. ¿Qué sentido tiene que la gente esté clavada en su silla en una mesa larga, al lado de dos personas? De este modo solo se habla con quienes están a los lados o justo enfrente o se le habla a todo el mundo o se interrupe o fastidia a todos. Después viene un valiente y se levanta, pongámosle, a las dos horas y se va al baño, y vuelve, pero se queda un poco parado o se va a la cocina. Este valiente le da pié a algún otro menos valiente a romper un poco el molde. A veces, este valiente conspira yéndose al baño sin una necesidad fisiológica que lo autorice. Necesitamos más valientes como ese, pero que se levanten a los cinco minutos. Y desconocidos que se levanten también dos segundos después y vayan a hablar con cualquiera y que propongan cosas raras: como irse a la terraza y encontrar una forma de escaparse y tocar el timbre de nuevo. Gente con el poder de espíritu suficiente para emborrachar al perro o inventar que cumplen años también y quitarle protagonismo al dueño de casa.
Uno sabe que una reunión es un fracaso por como termina. El mayor temor de un mal anfitrión es que alguien le pida un remís. Sabe perfectamente que apenas se levante el primero para irse a su casa, autoriza a todos los demás a levantarse de la silla y mandarse a mudar, en cinco minutos no queda nadie. Necesitamos más tipos como ese, como el señor valiente que se levantó y dijo: “Nos levantamos muy temprano, sino…”. Ya está, ese valiente, ese pionero del cumpleaños mal hecho, abrió camino para el resto de la concurrencia que escapa sin un plan armado. Cuando el plan es malo, la improvisación es un alivio. Necesitamos más señores como ese que pidió un remís, pero señores que se levanten a los quince minutos y se vayan y que después se arme.
Ilustro con una simple cuenta la gravedad del asunto. Una persona cualquiera asiste al menos a diez fiestas de compromiso al año. En cuatro décadas acumula más de cuatrocientas fiestas cortadas con la misma tijera. Entonces, en promedio, se puede decir que una persona cualquiera pasa dos años de su vida en fiestas de cumpleaños. Dos años esperando que se levante el primero y pida un remís. Eso es mucho tiempo, viejo.
A mí, por ejemplo, desde hace un tiempo el cumpleaños me sirve de despertador social. Cuando voy al cumpleaños de alguien y me doy cuenta de que la última vez que lo vi fue en el cumpleaños previo, concluyo que algo anda muy mal, estamos ahí los dos de compromiso. Nos estamos llevando lo peor del asunto: las obligaciones. Hace poco, un conocido ante una propuesta me dijo: “Si es tu cumpleaños voy, sino no da”, qué cosa tan dura. Ahi, en mi cara diciéndome que solo está para los compromisos.
Todos los días es el cumpleaños de un montón de gente. Cada uno de estos cumpleañeros, una vez al año, levanta diez veces de mala gana el teléfono para dar respuestas automáticas a un desconocido que lo llama de mala gana. Estos dos desconocidos se dicen unas cosas genéricas de compromiso y cortan y se sienten aliviados. Y así sigue la cosa hasta que uno de los dos se muere. Al último cumpleaños de compromiso que se le hace a alguien le dicen velorio.
Sepan todos que está abierta la pre-inscripción a mi fiesta de cumpleaños. Sepan todos que durante el próximo mes de junio tengo planeado perder la memoria, y por ello no se miran antecedentes.
Así es que este año, voy a hacer un cumpleaños pero no va a haber torta que la gente se coma de mala gana, ni mesas largas, ni gente de compromiso. La lista de invitados sospecho que va a tener unos cuantos cambios. No voy a hacer marketing, el cupo no es limitado, pero si selecto. No esperen a último momento, el día en cuestión solo voy a a atender llamadas a cumpleaños ajenos. Propongo me contacten quienes quieran que yo atienda sus llamados, cualquier otro de los 365 días del año.
Este año va a ser una cosa seria.
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No puedo creer que hayan pasado unas horas y no haya un solo comentario!
Esto es terrible! Cómo pasó?
Justo en este post que es sencillamente… Genial!
A mi me parece que con el tiempo se pierde lo interesante de los cumpleaños. Donde quedaron las piñatas? Nada mas lindo que empujar violentamente al compañerito de al lado para recuperar un avioncito de plastico de mala calidad. Y donde estan las bolsitas de caramelos y las escondidas y las bromas pesadas…
Hay que invitar a todos a romper la formalidad de los cumpleaños y de las fiestas en general.
Muy bueno el texto,
un abrazo
¡Con razón tu voz sonaba tan rara cuando te llamé el 23 de junio pasado!
Susana, si no recuerdo mal, recién me levantaba de la cama, debió ser por eso. Quien te dice, ¿dije algo sospechoso?
No sabés como comparto tu idea Her, siento lo mismo con el tema “cumpleaños”, y mirá que mis cumples suelen estar buenos (No dicho por mi, sino sería fanfarronear), pero me resulta un esfuerzo terrible lograr que sea totalmente distinto a lo convencional. Y después pasa que al final, y por mas que intento de todas maneras de sacarlos del molde de “cumpleaños feliz tradicional”, en algún momento, va un pelotudo y se amolda, y qué pasa? el resto de los pelotudos los siguen…
Acabás de dar la clave para la solución de este problema, invitar a gente que este en contra del festejo convencional.. porque tal como lo decís, es cosa seria.
Genial, como siempre.
Hola her, m encanta tu manera d escribir… pero en algunas cosas no estoy d acuerdo y te doy un ejemplo muy simple el día q seas padre y tu hijo venga al lado d tu cama a cantarte el feliz cumpleaños vas a decir q linda canción, son costumbres uno las acepta o no.
“Me parece que el secreto de la vida consiste simplemente en aceptarla tal cual” como dijo San juan d la cruz.
Creo q no solo se debería festejar cada año, sino cada día, cada hora, cada minuto.
Y disfrutar a pleno estar vivo.
Si tu cumpleaños viene cada vez más flojo deberías ver q estas haciendo vos nop?
Se q hice cosas mal en pasado, y nada va a cambiarlo. Y en tu ultimo cumple, cuando m dejastes en la puerta d tu casa entendí todo,
Si no t gusta como está las cosas, esta en vos cambiarlas.
Cada uno maneja su vida y su destino.
El cumpleaños es una cosa seria como vos bien decis, y cada uno debería buscar la manera de festejarlo como mas feliz se sienta.
Un abrazo Roxana y Fabián
Hola Roxana y Fabián,
Me alegra que les haya gustado la forma en que escribí sobre este asunto. Quiero contarles que tomo el consejo que me dan, sobre revisar lo que a uno le gusta o no, para cambiar lo que a uno le parezca. A veces hago como me recomiendan y le canto a la vida, sobre todo cuando me estoy bañando y estuve escuchando mucho rato ‘bag of weed’ o algún tema de Kevin Johansen. Por último, les comento que espero que tanto ustedes como Juan, crean que existen las casualidades.
Un beso, Hernán.
Hola Her, excelente relato…me quede pensando las veces que fui a algun cumpleaños pensando que era LA FIESTA… y me encontre la mesa con el mantel de hilo, todo el mundo sentado comiendo timidamente un sanguchito de miga.. un fiasco!!
Pero tambien te pasa que queres hacer algo original y te sale para el culo.. como la fiesta de disfraces.. que hay tres con el mismo disfraz y se armo la gorda.
Lo mejor (para mi) ummm ahora estoy en duda umm creo q
seria viajar en ascensor (en esos super lujosos y silenciosos)
muchas veces en el dia..si el edificio fuera en nueva york seria ideal!! jeje
Un abrazo grande!
Marina: salió un mail para allá.
Los demás: ¡Intriga!
Hola Hernan, como me paso con el cuento que escribiste para la abu Gina, me emocionaste.
O me emocione porque estoy medio imposibilitada y eso me sensibiliza?
Bueno, no se, la cosa es que me emocione.
Esta muyyyyyyyyyyyy bueno lo que escribiste, y MUY REAL !
Es acido, eso si, y coincido con vos totalmente despues de haber pasado por 56 cumpleaños.
Coincido, eso si, por “MIS CUMPLEAÑOS”, no los de uds 3, cuando eran chiquitos….esos si que eran lindos, con piñata llena de juguetitos, como recuerda David, algun mago, y muchos amiguitos.
Linda epoca pasada.
Feliz cumpleaños, hijo!
besos. Mama
Hola Nora, me alegro mucho de haberte causado la impresión que decís. Esperemos que se vuelva a repetir.
¡Feliz cumpleaños para vos también!
Hernán
Queremos otro post!
¡En cualquier momento! Estate preparada.
Hern.