Hoy me enteré de que un amigo se va a vivir a China pero primero les quiero hablar de otra cosa, de algo más corriente, de las cosas que nos dicen los amigos al teléfono, de las propuestas que creemos que nos hacen y aceptamos y de las que en realidad aceptamos.
[...]
El gordo al teléfono me dice:
-Acabo de almozar, estoy pepón pepón, me parece que me voy a poner a ver otra vez Austin Powers, va a ser la décima vez que la vea y me va a seguir pareciendo buenísima.
-¿Te bloquearon de nuevo el carné del BlockBuster? Pregunto.
-Sí, che, tengo que devolverles una de Jackie Chan que tengo hace un mes y medio, me va a costar una fortuna. No me calienta, tengo Austin Powers.
En fin… ¿Te da ganas de ir a tomar algo al español en un rato, patón?
-Sí, dale.
Hasta acá todo suena armonioso, me siento tranquilo, relajado, estoy en sintonía para una reunión de amigos. Pero, un instante después, la voz al otro extremo del teléfono, me cuenta la historia completa.
-Perfecto, le aviso a Silvi que se vaya cambiando. En cuanto termine la película, salimos. No te cuelgues.
Momento. Rebobino los últimos diez segundos de conversación en mi cabeza buscando alguna mención previa de Silvi. Estoy confundido, rebobino diez segundos más. Estoy casi seguro. Este no me avisó que venía Silvi. ¿Por qué no me avisó que venía Silvi? ¿Por qué nunca me llama Silvi directamente para invitarme a salir? ¿ Y ahora que hago? Si le digo que pensé que Silvi no venía me va a decir:
¿Qué, tenés algún problema con Silvi?
Y la verdad es que no, o que sí, no sé. La verdad es que a Silvi no la conozco.
Un encuentro de dos amigos es una cosa, un encuentro de dos amigos y una novia, es otra muy distinta.
Sí, ya sé, todos estamos pensando lo mismo: tenés un problema con Silvi.
Y la verdad no sé, me gusta creer que no. Sucede que es como que te inviten a una picada el domingo y que vos, previsor, vayas vaciando la panza desde el viernes y que llegado el domingo la picada no exista, y lo que es peor, le sigan diciendo picada. Vos venís comiendo livianito, tomando mucha agua, la panza te hace ruido y en el viaje, ya estás masticando cantimpalos imaginarios, rodajas de pan untado con queso roquefort y manteca, papas fritas con crema y panceta, y de golpe aparece sobre la mesa una puré de berenjenas. ¿Y esto? Lo único que sabés es que el puré de extraterrestre -como le dice mi amigo Diego- no tiene nada que hacer en una picada terrícola. Acabas de enterarte que lo que empezó como un ayuno preventivo a fin de hacer lugar a media docena de sanguchitos de miga, sigue con vos iniciándote en una repentina dieta.
Y pasa que las salidas con la novia de un amigo, salvo ciertos casos, se parecen un poco a eso, a ponerse a dieta. Hay que cuidar la silueta, hay que ser moderado con la bebida, con los chistes, hay que contarle las calorías a los relatos que, no vaya a ser que a Silvi le caiga pesado. Hay que hablar sano y evitar la salsas picantes del pasado. Conviene opinar sin sal. Y esto puede atribuirse fácilmente a mi prejucio al respecto, y tal vez les de la razón.
Pero después hay otro tema que es indiscutible: Uno no habla de lo mismo con un amigo de toda la vida que con su novia y entonces, no queda otra que elegir una de dos conversaciones posibles: una con barbacoa, grasa, fritanga, y cosas que se caen al piso y las comemos igual o una más sana, pero bastante más insulsa. Y sí, pasa que uno no habla de lo mismo, y no es que tenga problemas con Silvi. Uno no tiene el mismo nivel de intimidad con un cómplice de toda la vida que con el cajero del BlockBuster. Por mucha buena voluntad que se ponga al hablar con este último, sigue siendo el cajero del BlockBuster, y hay cosas que uno no quiere decirle al cajero de BlockBuster, y que el cajero de BlockBuster no quiere escuchar tampoco.
No es que tenga un problema con Silvi, lo que pasa es que soy minimalista. Para que se den una idea, les dejo mi propia receta para preparar buenas reuniones:
Tómese una reunión mediocre y retírese a una persona cualquiera, si el ambiente no empeora, repita el procedimiento. Cuando no pueda retirar más personas sin que la reunión empeore o haya quedado usted solo, la reunión estará lista para servir. (antes de preparar la reunión, debe tenerse en cuenta que la receta no asegura la propia permanencia).
A pesar de todo, los amigos insisten con probar siempre la misma vieja receta con berenjenas. Por ejemplo, me acuerdo cuando el gordo me invitó por última vez a ver a Dolina el año pasado.
-¿Patón, voy a ver a Dolina, venís?
-¿Sí, dale, a que hora nos encontramos?
-A las diez en lo de Pippo, cenamos y después nos vamos a ver al Doli.
-listo
-No te cuelgues que voy con Yael.
-Che, pero yo te dije que sí antes de que me dijeras que íbamos con Yael. Me tendiste una trampa.
Esto no lo quiero decir, lamentablemente, porque después viene la pregunta:
-¿Qué, tenés un problema con Yael?
(Sí, soy muy bueno para imaginarme como siguen las conversaciones).
Así es que, trago saliva y digo:
-Bueno, nos vemos allá.
Un poco fastidiado, me invaden algunas preguntas: ¿Pero, cómo no me avisó antes? Porque intuía que le iba a decir que no, al igual que los encuestadores cuando te piden responder una encuesta que al final resulta tener diez páginas. ¿A Yael le gusta Dolina? Y la respuesta es no, pero esto todavía no lo sé.
Me tendiste una trampa. Me dijiste que íbamos a una fiesta en lo de un amigo y resulta que la fiesta era un bautismo. Me invitaste a tu cumpleaños pero no me avisaste que solo había tías y amigas mastreas y directoras de escuela, y chicos menores de once años, y maridos hablando de seguros.
Si querés que salgamos los tres: tu novia, vos y yo, no me tenés que invitar, me tenés que pedir un favor.
Si, ya sé lo que están pensando: Tenés un problema con Yael. No, lo que pasa es que soy minimalista. En este punto, voy a dejar de hablar de la novia Yael del gordo porque sé que sino más tarde me van a tirar la bronca. A partir de este momento, no estamos hablando más de Yael, sino del amigo chino del gordo que llegó desde Fujian para abrir un supermecarcado, y no habla nada de español. Entonces, lo que pasa es que con el gordo más o menos nos entendemos, lo conozco desde los siete años y sé con qué me voy a encontrar, pero a su amigo chino lo vi menos de siete veces. Además, Debo confesar que entiendo el idioma chino tan bien como el guaraní.
Todo lo que hace el amigo chino del gordo, me parece errático: se enoja por cosas que no entiendo, no estoy seguro de que la esté pasando bien o la esté pasando mal. A veces creo que todo salió bien, que cada uno se fue contento a su casa. Pero luego me entero de que, más tarde, el chino empezó a los tiros y no dejó entrar al gordo al supermercado en toda la noche.
Retomo el asunto que les venía contando. El gordo, el chino y yo arreglamos para ir a ver a Dolina. Ellos terminaron de ver la película de Austin Powers, y yo terminé de hacer cualquier cosa que estuviera haciendo, así es que salimos los tres al encuentro.
Cualquiera que haya vivido más de dos años en argentina escuchó hablar de Dolina, y cualquiera que haya escuchado un par de veces su programa de radio sabe que es un tipo inteligente y muy culto. Seguramente, si escuchó más de dos veces el programa, también sabe que -a veces- se pone un poco cabrón. Por ejemplo, me acuerdo que, una vez, estando con el auditorio del hotel Bahuen bastante lleno, levantó en peso a un par de oyentes que se habían quedado dormidos en pleno programa y también nos retó un poco a todos (en defensa de estos últimos basta comentar que el programa se emitía un miércoles entre las doce de la noche y las dos de la mañana). Otra vuelta, un oyente envío un mensaje cuyo contenido no recuerdo pero que fue suficiente para que Dolina diera por finalizado el programa.
La cosa que es que nos encontramos los tres en lo de Pippo, un restaurant que está a la vuelta del Paseo La Plaza. Durante la cena, hablamos de alguna que otra cosa en español y ellos cruzaron alguna palabra en chino durante todo el rato. No sucedió nada que me diera el menor indicio de lo que iba a ocurrir. Ya en el auditorio, nos sentamos los tres juntos, el gordo en el medio, y yo a su derecha, la ubicación fue sencilla porque el auditorio no estaá más que a un cuarto de su máxima capacidad. La sala está muy bien iluminada (este detalle siempre me dió mucha curiosidad ya que las butacas están bastante más iluminadas que el escenario) .
Enseguida llegan Patricio Burton, Gillespi y Dolina y saludan a algunos conocidos a través del micrófono y leen mensajes de los oyentes y Dolina empieza a hablarnos a todos de mitología griega. Así es que el asunto va lo más bien, estamos todos prestando mucha atención, y hasta el amigo chino del gordo parece estar lo más conforme. Pero, de pronto, el chino abre la cartera, y yo tengo un mal presentimiento. Dolina nos sigue hablando de un tipo que lo dejaron ciego unos dioses por decir que las mujeres disfrutan siete veces más el sexo que los hombres y el chino saca algo que no llego a ver de la cartera. Mientras tanto, Dolina nos habla de otro tipo que terminó mal por no darle bola a Artemis. Inmediatamente después, escucho un ruidito, casi imperceptible, a mi izquierda. Y entonces, me inclino hacia delante para mirar que es lo que está sucediendo a la izquierda del gordo y lo veo al chino moviendo unas agujas en cada mano. Un ovillo de lana descansa en la butaca a su lado. El chino está aburrido y se puso a tejer una bufanda. A partir de ese momento y durante la siguiente hora y media de mi vida, me mantengo expectante al momento en que Dolina pose su mirada sobre el chino, ponga los ojos bien grandes y redondos primero y bien finitos un instante después, para luego abandonar el programay venir a sacarnos a los tres de la sala a patadas en el traste.
-Hernán, estás exagerando.
-Puede ser.
Así y todo, vale la pena abordar el asunto desde otro ángulo. ¿A nadie le resulta raro que a uno le pidan que se haga amigo de una novia? A mi sí pero a mis amigos se ve que no, de hecho varios amigos me han dicho lo mismo en el trascurso de una conversación:
-Hernán, quiero que seas amigo de mi novia.
-No digas pavadas.
-En serio, ¿Que otra cosa puedo querer más que mi novia sea amiga de mis amigos?
Se me ocurren mil cosas, pero, trago saliva y digo:
-Bueno, quien sabe… en una de esas nos llevamos bien.
Lo que en realidad debería haber dicho era:
En una de esas nos llevamos bien, pero antes me tenés que prometer algunas cosas. Una vez que seamos amigos ella y yo, hay varias cosas que van a cambiar, y es mejor que lo sepas de antemano, para tomar una decisión informada.
Mirá que no podés ponerte celoso cada vez que hable con tu novia, y me ría de un chiste suyo o ella se ría de un gracia mía. Cada vez que la conversación te excluya, y hablemos como si no estuvieras presente, no podés ponerte celoso de ella ni de mí. Tenés que estar dispuesto a que me llame por teléfono a las dos de la mañana cualquier día y que me hable mal de vos. Tenés que saber que ella y yo nos vamos a encontrar por motivos propios y desconocidos, mientras vos estás trabajando. Puede ser que, a veces, miremos una película juntos y que lo hagamos compartiendo el sillón y el pochoclo. Otra veces, vas a llegar cansado del trabajo y nos va a sorprender a los dos, chupando la misma bombilla del mate, desde hace horas, como si nada.
Un estudio publicado en una revista uruguaya de ciencia indica que basta compartir un año de mate regularmente para intercambiar la misma cantidad de saliva que un matrimonio con veinticinco años de casados.
-Hernán, quiero que seas amigo de mi novia.
-¿Seguro?
Mirá que te tenés que aguantar que le preste una remera mía de hace diez años, para que se quede a dormir, así la pobre no tiene que irse tan tarde a su casa. Tenés que aguantarte que ella no piense devolverme la remera y que yo no tenga la menor intención de que lo haga tampoco. Porque la única razón aceptable para exigir a un amigo la devolución de remeras, libros y música es que esté claro que no se lo va a ver más y que no se merece tales objetos. Tenés que aguantarte también que en su casa haya más libros míos que en la tuya. Mirá que cuando corten -si es que cortan- ella y yo vamos a seguir hablando por teléfono a las dos de la mañana, y cuando llames a su casa, destrozado, te va a dar ocupado y cuando llames a la mía, también. Y vamos a seguir mirando películas, riéndonos y chupando la misma bombilla de mate, llena de baba, hasta gastarle el esmalte y luego vamos a comprar otras bombillas que vamos a seguir chupando, bombillas que te están prohibidas.
-Hernán, quiero que seas amigo de mi novia.
Si es así, entonces estás listo para vernos a tu novia y a mí no teniendo sexo, porque -podés estar seguro- eso es lo que va a ocurrir, pero solo eso. La imaginación puede jugarle muy malas pasadas a cualquiera que vea a un amigo y a su novia no teniendo sexo demasiado seguido.
No acepto propuestas de amistad de tu novia si exige que vos vayas siempre en el medio cuando caminamos por la vereda. Porque, entonces, no querés que sea amigo de tu novia, querés que sea amigable con ella a la vez que acepte de forma tácita unas reglas territoriales y llenas de desconfianza. Paso.
Algunos días me olvido de todas estas ideas que tengo y llamo por teléfono al gordo y le propongo una fórmula que sé que no falla:
-Gordo, vamos a comer 3Ds y tomar una Coca-Cola en una estación de servicio.
-Che, hoy tengo el cumpleaños de una prima de mi novia, pero mañana nos vemos seguro.
Otro tema…
-Dale, ¿qué?
-Te dejé un mensaje en el celular.
-¿Sí? No lo oí.
-Sí… Me caso.
-¿Sí?
Las cosas que se me ocurren para decir solo las oí en las películas y suenan a castellano neutro, así es que trago saliva y digo:
-felicitaciones por la noticia.
-Gracias, pero coordinemos mañana para juntarnos que estoy saliendo. Una cosa más, vayamos mejor a Cantina Chinatown así Yael puede comer un chop suey, que es vegetariana.
-Bueno, dale.
Y así es como me enteré de que un amigo se va a vivir a China.
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Una vez más me sacude un texto tan genial, tan bien contado y tan bien redactado como los que he leído tuyos. Y es que uno se queda prendido y es imposible no seguir leyendo, hasta le gustaría no parpadear porque hace que deje leer por un segundo…y que tenga que esperar para seguir leyendo.
La verdad que sí, es así, a veces los amigos son injustos, a veces no nos dan toda la información, pero lo hacen porque nos conocen, en el fondo saben que les diríamos que no a ir a tomar algo con él y su pareja, porque no es lo mismo señores, no, uno se encuentra como con un bozal puesto, porque de repente se ve buscando las palabras adecuadas y tarda en responder porque tiene que pensar lo que va a decir para no decir algo que “no se debe enterar el susodicho”.
Además uno con los amigos establece códigos, una especie de lenguaje paralelo en el que muchas veces ellas/os, no entienden y la verdad terminan pasándola mal al pedo.
Pero sabes que pasa, la mayoría no tienen la caripela para decirles a sus pretendientes que quieren salir solos a tomar algo con un amigo, porque eso les representaría una cara de ojete, o un planteo, y para no “dialogarlo”, le dicen de ir, y ellas, felices.
Lo de ser el amigo de la novia creo que no es mas que una estrategia, una solución rápida al tema que te comenté arriba.
Es largo el tema, te podría poner mi ejemplo pero no la termino más, lo charlamos tomando algo, sin tu novia, por supuesto… jajaja
Un abrazo
Ni en pedo!
Yo voy seguro… En una de esas nos hacemos amigos!
Un beso.
Buenísimo !! Lo que hubiese dado por que Dolina hubiese divisado semejante cuadro! Si bien sé que hubiese sido una situación más que embarazosa, ¿quién te quita la anécdota?
Aprovecho este espacio para felicitarte, Gordo. Y no por tu incipiente anuncio, el cual me parece totalmente descabellado (y no es que tenga nada en contra de los chinos), sino más bien por tu sinceramiento.
Después de tantos años de misoginia ferviente, de chistes machistas y despreciar a cuanta mujer haz conocido, reconociste tu verdadera condición. Condición que todos los que hemos compartido tiempo suficiente con vos hemos conocido, tu condición de pollerudo. Por iniciar este nuevo camino de auto-aceptación, yo te felicito, y de corazón espero que sigas en él. Quién sabe, quizás un día de estos me terminarás diciendo que soy lo mas divertido que te pasó en la adolescencia.
Estoy con vos! Gardo para presidente!
Sinceramente no termine de leerlo porque, como todos saben, soy demasiado vago para leer tooodo esto, aunque lei otros cuentos un pocos mas cortos y me hace muy feliz descubrir nuevamente la sagaz inteligencia de mi amigo mas viejo en esta vida (cuando digo viejo me refiero al que hace mas tiempo que conozco y no al mas viejo en edad, ustedes entendieron)….. Por otro lado, si bien estoy de acuerdo con casi todo lo que se dice aca (o sea, casi todo de lo poco que lei), voy a decir en mi defensa que las veces que el escritor, mi amigo el chino y yo fuimos a algun evento juntos no fueron mas de 2 o 3 y ademas que, el escritor, suele invitarme a eventos que ocurren los Sabados a las 22:00 llamandome el mismo Sabado a las 21:50 al grito de “Estoy abajo, baja y vamos de joda!”
Nada, agradezco el lugar que tengo en este blog y prometo, que algun dia de estos leere en mas detalle este cuento a ver si deberia haberme ofendido o darle un flor de beso a mi amigo del alma.
SABES QUE TE QUIERO ZONZO!!!!!!
Beso en la cola.
Querido Marian,
Yo tenía la misma duda que vos sobre si te ibas a ofender o poner contento así es que, por las dudas y haciendo gala de la inteligencia esa que decís ;D o de alguna otra cualidad mía, tomé la precaución de no pasarte el texto. Por otra parte, ahora veo que confié demasiado en la discreción de toda la internet.
Internet:
¡Qué vergüenza!
Marian, si algún día llegás a leer este texto hasta el final, también vas a notar ciertas libertades artísticas que me tomé (léase: está lleno de mentiras), cosa que vino muy bien para reforzar el argumento. Recuerdo que, en alguna parte hay una leyenda que dice “Basado en hechos reales. Algunos diálogos y situaciones pueden no ser del todo extactas”, la leyenda es un poco chiquita.
Por último y no menos importante: este relato es parte de un relato mayor que arranca en 1987 pero no se sabe cuando termina y allí se hace justicia a todas tus buenas cualidades.
Un beso en el cachete, Her.