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¿Y si me lo tomo, qué?

- I -

02:00 AM - Ayer dormí mal y me levanté temprano, anteayer también. Hace rato que vengo dando vueltas en la cama. Voy a dejar anotado lo que voy haciendo y lo que voy pensando, para matar el tiempo.

02:01 AM – En el techo de la habitación hay una familia de cuatro mosquitos. Los cinco queremos lo mismo. Que yo me duerma pronto. Su gula y mi descanso van a tener que esperar, sin embargo.

[...]

02:02AM - No se me ocurre nada para hacer o decir.

02:15 AM - No me puedo dormir, estoy aburrido, el tic-tac del reloj me tiene podrido.  Sin Internet. Miro por la ventana, quietud. Los bancos están sobre las mesas en el ampm y las persianas americanas están bajas, mala señal. Ordenar ayuda a despejar la cabeza, una actividad manual sencilla me va a servir para relajarme y dormir. Ordeno los libros, creo que pasan veinte minutos.

02:23 AM - Pasé los últimos cuatro minutos esperando que cambie el reloj al minuto veintidós, me perdí el suceso, por no sé qué distracción. Soy  patético.

02:40 AM - Vengo del baño, estuve contándole la cantidad de patas a los bichos que rondan cerca de la rejilla. En principio sin finalidad aparente, pero luego el pasatiempo devino en una competencia. El segundo lugar para una araña de ocho patas largas.  El que menos, cinco patas, una mosca lisiada. El que más, un pececillo de plata, muchísimas patas, imposibles de contar sin embargo. Si aparece un ciempiés, habrá que declarar empate o esperar a que vuelva Internet y luego definir por Wikipedia.

02:45 AM - Se escucha el primer pájaro tras la ventana. Me pregunto de qué clase será, debe tener insomnio como yo. Llamo al chino por teléfono, equivocado. Una vieja me putea.

03:00 AM - Me pregunto que clase de vida llevará la vieja. Que la llevó a atender a tal hora desubicada. Me pregunto si sería posible llamarla nuevamente para averiguarlo.

03:05 AM - La vieja no atiende.  Me hago un sandwich de pan lactal, tomate y mayonesa. Se acaba la mayonesa, mala señal.  Me preparo para esperar el próximo gran suceso: las tres, treinta y tres de la mañana. Vuelvo a la cama.

03:20 AM - Un colectivo frena de golpe y escucho como suelta el aire comprimido de las puertas. Suena como si estuviera dentro de la habitación, me levanto sobresaltado.

03:33 AM – ¡Presente y atento al cambio del último dígito!

03:50 AM - Me hago un sandwich de pan lactal y tomate.  Se acaba el tomate. Mala señal.

El pájaro vuelve a piar.  En realidad, este pío fue de tonalidad ascendente y el anterior descendente, tal vez no sea el mismo pájaro, después de todo. Es el último gran suceso por un largo rato.

04:10 AM – Hay un nuevo ganador en la competencia de cantidad de patas. Una cotorrita calcinada en mi velador carece de ellas. Me pregunto si debo descalificar a este competidor por estar muerto en el velador, creo que no sería justo para los otros bichos. Me lamento por no haber fijado adecuadamente las reglas antes de comenzar. Sé que tengo preferencia por sinpatas.

04:30 AM - Decido que la competencia resultó en un empate, cada bicho tiene sus méritos. Armo tres coronas a base de canutillos. Dos de los ganadores se han retirado sin recibir su premio. El tercero yace sobre el velador, se ve triunfal con su corona.

04:32AM - Creo que puedo contar las vueltas de las paletas del ventilador de techo si me concentro.

04:35AM – En efecto, es difícil pero posible si te recostás en un puff justo debajo, la clase de desafío que estoy buscando. Uno, dos, cuatro, siete…

Apago la luz y me acuesto. Un mosquito empieza a zumbar cada vez más cerca. Doce. Prendo la luz pero no veo al mosquito ni escucho zumbido alguno. Apago la luz, otra vez el zumbido. El veneno está en el segundo cajón, en la cocina, quince, dieciséis. El artefacto puede estar en cualquier lado. Mejor me tapo con frazada y me despeino un poco para confundirlo, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, imposible que pueda picarme. Lo escucho zumbar muy cerca. No voy a darte el gusto de ir hasta la cocina, criatura. Cincuenta y cinco. Puedo subirte un punto el ventilador de techo, mosquito y provocarte un tornado. Lo hago. Deja de zumbar. Soy Dios. Dios con insomnio.

04:39 AM - Me lamento de no poder seguir contando las vueltas del ventilador, a esta velocidad es imposible, necesito otra cosa para contar.

Veo los destellos oblicuos de los faroles de un auto que se deslizan por la pared, proyectados por la persiana. Uno, dos.

¡Qué bien que me vendría que estuvieran pasando semana de las pirámides en Discovery! Nunca me falló en momentos como éste. Pero, ¿Qué otra cosa duerme? Semana del Tiburón, la mitad de las películas francesas, Twin Peaks doblada al español. ¿Qué lugar duerme? Vamos, memoria.

Ya sé, cualquier colectivo de la línea cuarenta y cinco, de vuelta desde Ciudad Universitaria.

Sería muy loco si… No. Es demasiado drástico… No puedo -no debo-  estar pensando en tomarme el cuarenta y cinco a las cuatro y media de la mañana. Pero, ¿y si me lo tomo, qué? Ida y vuelta, por tres con cincuenta. El tirador de la ventanilla martillándome la sien en cada bache, y nada, duermo fenómeno. Seguro que el martilleo afloja algún nervio, no hay otra explicación. Sin almohada, sin posición horizontal, con ruido, con luz…

¿Y si me lo tomo, qué?

El ronroneo del once catorce cuando alcanza el microcentro, y se embotella, los autos se detienen, el tiempo se detiene en un gran ruido de bocinas superpuestas.  Ida y vuelta, durmiendo, tres horas con treinta minutos, un peso la hora de sueño. Nada mal.

- II -

04:45 AM – Estoy en la parada de colectivos, justo enfrente del departamento. Desde que estoy acá, pasó un cincuenta y uno fuera de línea, una camioneta del diario La Razón y el basurero. Todos pasaron en rojo, menos el basurero.  Empiezo a creer que no fue tan buena idea.

05:05 AM – Pasaron tres colectivos más, uno de Capital, un treinta y siete con varias personas paradas. También vi doblar a lo lejos una fila de tres ciento sesenta que agarraron por Carlos Tejedor.

05:10 AM – Paro al cuarenta y cinco, casi vacío, se detiene veinte metros antes de la parada. Troto. Me acomodo en el último asiento individual. Saboreo el triunfo. Me traje un libro de un escritor checo para leer.

05:15 AM – Estoy leyendo un cuento bárbaro sobre unos tipos que se suben a los techos.

05:25 AM – El cansancio no me deja concentrarme, termino un párrafo y vuelvo a leerlo inmediatamente después. Esto va mal.

05:26 AM - Por la ventana veo pasar a contramano tres tipos gordos en bicicletas de paseo viejas.

05:55 AM – ¿¡El libro!? Me alarmo, creo que se me cayó el libro. Miro sobre mi regazo y descubro el desastre. El libro no está. Peor, el libro no está y tampoco los pantalones ni los calzoncillos.  ¿Cómo pude ser tan tonto? Por suerte, parece que nadie presta atención, adopto una postura de disimulo. En una de esas, si espero que bajen los dos gordos de la última fila, puedo tocar el timbre y bajar sin que noten que estoy en bolas.

06:55 AM – Los dos gordos enormes sentados detrás mío me tienen preocupado. No dejan de sacar cubitos de hielo de una cartera negra de cuero, inmediatamente los tiran por todo el piso. Se ríen. Hablan raro. Además no parece que vayan a bajar nunca, no va a quedar otra que bajarme en la terminal. Ya es de día.

06:55 AM - Raro. No conozco esta parte de la ciudad. Debo haberme distraído mientras el conductor tomó otro camino para esquivar un corte. Hay muy pocas edificaciones, la mayoría de madera.

06:55 AM - Pasamos un puente viejo de madera. Había uno igual en Tigre.

06:55 AM – El reloj parece haber dejado de funcionar. Es de noche otra vez. El pasillo está lleno de bolitas japonesas, muchas caen rebotando por la escalera, hacen un ruido bárbaro. En el asiento trasero hay un pájaro grande de piernas largas, graznando. Grazna cada vez más fuerte.

05:25 AM – Me sobresalto de nuevo, miro sobre mi regazo, el libro. Por la ventana veo  mucho tráfico. Hay una vieja gritándole al chofer, puso un peso y le devolvió veinticinco, dice. Cierro los ojos. Escucho: la máquina no se equivoca, pero pase igual, señora. Hay bastante gente parada. Casi todas las ventanillas cerradas, la falta de aire es  insoportable. Este aparato está diseñado para dormir de diez. Si Dios tuviera insomnio seguro viajaría en el colectivo cuarenta y cinco o miraría semana de las pirámides. Quien les dice si -en lugar de los extraterrestres- fue Dios quien creó las piramides, con el único propósito de que los televidentes puedan dormir mejor.

- III -

xx:xx AM/PM  - Flaco, levantate.

xx:xx AM/PM  - ¿Qué?

xx:xx AM/PM  - Termina acá.

(Hay una autopista, un descampado, una cancha de fútbol, una parada triste.No hay un alma. ¿Dónde carajo estoy? ¿Me fui de vacaciones?)

(Me la juego.)

xx:xx AM/PM – Don, ¿Cuánto tengo hasta la playa? (El chofer se agarra la panza y no para de reírse.)

xx:xx AM/PM  - Termina acá, flaco, para ir a la costa, te conviene tomarte cualquiera que vaya hasta Retiro. Ahí te vas a la ventanilla de Flecha bús o preguntás.

xx:xx AM/PM  - ¿Qué?

xx:xx AM/PM  – ( De repente, se apodera de mí un mal presentimiento, el pabellón tres de Ciudad Universitaria a mi espalda.)

xx:xx AM/PM  – Te tenés que bajar, flaco, en serio.

xx:xx AM/PM  - ¿Qué? No… Le saco otro boleto de vuelta, avíseme en la estación Lanús.

xx:xx AM/PM  - Te tenés que bajar, éste no vuelve, tenés que esperar el otro, flaco.

xx:xx AM/PM  – (Pabellón tres. ¿¡Vengo a rendir!? ¿Pero qué?)

De repente me acuerdo. Las paletas del ventilador, el bicho con cero patas, semana de las pirámides.  En el cuarenta y cinco se duerme bien… (pelotudo).

Miro el reloj.

6:40 AM – (¿Y ahora qué hago en Ciudad a las seis y cuarenta de la mañana, me querés decir? Con el viento, y la resolana… )

-¿El próximo en cuánto sale?

-En treinta, más o menos.

(Definitivamente, venir no fue tan buena idea.)

6:45 AM - Camino por el parque detrás del pabellón dos.

La verdad, ya que estoy acá, podría pasar a buscar mi libreta universitaria por lo de  boludocondosdoctorados. En una de esas la dejó en su casillero, firmada. Y sinó, mientras espero que aparezca, me puedo meter a dormir en un aula vacía y que me vengan a sacar los docentes con discursos  o los no docentes con herramientas más efectivas.

Si puedo elegir el aula, va a ser la nueve. ¡Qué bien se dormía en el aula nueve cuando daban Orga uno!  El proyector mostrando un diagrama un minuto o dos, y luego otro muy parecido y luego otro, y otro, sin apuro. El aire estancado de esas aulas sin ventanas. Aulas de un edificio de diseño canadiense pensado para soportar el febrero helado del norte y depositado sin mucha consideración en un febrero de Buenos Aires.

¡Pero qué bien se dormía en el aula nueve! La proyección sobre Microprogramación de procesadores imaginarios, la imagen temblorosa, en blanco y negro. La voz monótona de un profesor recitando de la forma en que solo puede hacerse luego de más de veinte cursos de repetir lo mismo y mostrar lo mismo: sin pasión, sin matices, sin interés. Y el proyector zumbado fuerte, protestando contra ese equilibrio del tedio. Si Dios hubiera tenido insomnio, se hubiera acomodado en la última fila, de oyente. Dios creó el aula nueve, el proyector de imagen temblorosa, el zumbido y el rezo de los profesores para matar el insomnio. Si no es así, entonces todo esto es una broma pesada del azar y Dios no existe.

7:00 AM - Me acordé de algo. Ayer, en lo de David, ojeaba un libro de primer año de la carrera de Geología. Es un libro introductorio a la carrera. Un tomo muy grueso, de unas mil doscientas páginas. Al parecer, sienta las bases para varias carreras relacionadas. De pronto supe lo que sintieron todos los ingresantes a la carrera en el instante fugaz de abrir su flamante tomo:

Esto no tiene colores. Desilusión.

En ese mismo instante se crea en el interior del futuro geólogo, el germen de la sospecha de que algo anda mal. Esto no le pasa a todos, un estudiante de ciencias exactas soporta muy bien la monocromía porque tiene una desviación hacia el pensamiento abstracto que lo protege. En cambio, un futuro geólogo, o un biólogo, no puede menos que sentirse estafado, siquiera por un momento.

Si me cruzo algún estudiante, le voy a preguntar qué opina sobre sus libros en blanco y negro. Pero es seguro me lo niegue para dársela de persona grande. Pero no pienso creerle. Alguien que quiere ser grande, estudia para contador, para escribano público o para abogado pero nunca ciencias naturales, a menos que quiera ser profesor.

7:05 AM – Al llegar a la entrada del pabellón uno, me espera una grata sorpresa: una recepción festiva y numerosa. La jauría del pabellón compuesta de variedad de perros de todos los colores y tamaños. Terminado el recibimiento, nos sentamos todos al sol contra el frente del edificio. Todos queremos lo mismo, que llegue el tipo de trenza larga que trabaja en el buffet. Yo porque quiero café y ellos porque quieren las sobras del día anterior: restos de pollo, milanesas y albóndigas viejas son los preferidos.

Respecto al café, en el buffet de la planta baja, hay una cafetera, y de la cafetera sale el café más negro, más fuerte, más quemado y más perjudicial que he tenido el gusto de probar hasta ahora. Una vez, durante el intervalo de una clase de Análisis Matemático llevé a probar café a un amigo. Durante la clase nos llenaron por lo menos cinco pizarrones con una demostración de Lagrange de no sé qué asunto complicado. Se ve que era algo que le preocupaba mucho a Lagrange porque la mera reescritura llevó tres horas. Recuerdo que Edgardo se arrastró hasta la cafetería conmigo y pedimos café. Era la primera vez que él lo probaba y luego de mojar los labios su expresión se transformó de una manera que no había visto antes, parecía que se hubiera comido una polilla. Lo vi colocar cuatro, cinco, seis cucharadas de azúcar. No conforme con el resultado, inclinó la azucarera sobre la taza del telgopor. El resto de la clase transcurrió en perfecta vigilia.

7:10 AM – ¿Qué pasaría si alguien que haya tomado recién este café se sienta en el aula nueve a escuchar la clase de Orga I? Nadie lo sabe.

El pabellón no abre hasta las ocho y ya estoy pensado pavadas.

(Sí, ya sé, no fue tan buena idea.)

Mejor que consiga un café en algún lado, seguro tiro veinte minutos más…

7:11 AM - Viene caminando un tipo pelado y muy gordo. Está en cueros y en cada mano sostiene un balde metálico hasta el tope de cubitos.

Raro.

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11 Responses to “¿Y si me lo tomo, qué?”

  1. David dice:

    ¡Muy bueno!

  2. Mura dice:

    La frase más verdadera del mundo:

    “Cuando se tiene insomnio nunca se está lo suficientemente dormido… Ni lo suficientemente despierto…”

    (“El Club de la pelea”).

  3. Matías dice:

    Mi estimado, he disfrutado muchísimo de este posteo. Alguna vez hice un posteo referido al insomnio, un poco mas meloso dado mi perfil enamoradizo. De todas formas el suyo ha sido de gran alago para mi imaginación, un gran hallazgo.
    No se porqué no lo tuteo, ahora me da fiaca corregir el comentario.. la proxima va con “tu”.
    Saludos!

  4. Susana dice:

    En cuestiones de sueño algo fundamental son los hábitos. Me permito darte un consejo: probá con una sotana.

    • Hernán dice:

      Susana,

      Te agradezco el consejo,

      Espero que no haya que sacar carné en
      la iglesia del barrio para comprar sotanas.

      En todo caso, voy a ver si puedo habituarme.

      Her.

  5. Edgardo dice:

    Muy bien, es mejor tomarlo. Mejor arrepentirse que quedarse con la duda !

    Ya me habia olvidado lo del café. Pensar que ahora lo puedo tomar sin leche y con solo 2 de azucar. Fiel reflejo de la pureza perdida…

  6. Ana dice:

    Yo cuando no puedo dormir… normalmente no duermo, no encontré mi cura para el insomnio todavía, supongo que cada persona debe tener la suya, capaz incluso es genética la cosa… la próxima pruebo tomándome el 160 a ver que pasa…

    • Hernán dice:

      Ani,

      Quien te dice, en una de esas sea como decís, un gen familiar. Eso explicaría porqué mi madre no tiene problemas para dormirse aún en los lugares más difíciles. Respecto a lo del 160, te deseo suerte y hago una observación: puede que te despiertes en Claypole (Cleypole es muy lejos, cinco viajes a Claypole desde la avenida Santa Fe suman un viaje a Pinamar, para que te des una idea). Una solución puede ser que te llever un reloj despertador en el colectivo.

      Un beso, Her.

  7. Nora Moreno dice:

    Tengo una forma de ganarle al insomnio, cual es? fantasear ! siiiiiiiii, armo una fantasia en mi mente, algo que me agradaria que me suceda.
    Besos. mama

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