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GUIDO – corrija estreno, ponga Avant Première
GUTIERREZ – Avante Premierd, o como se diga, de “pampa versus pompa”,
MECANOGRAFO – Disculpe la interrupción, Gutiérrez, como debo escribir ¿Avante Premierd, como suena?
GUIDO – De la única manera posible.
GUTIERREZ – Ponga estreno, que es más claro para todos, no se preocupe por esas cosas.
GUTIERREZ [continua la lectura] – culpable (se está refiriendo a usted por lo del asesinato del marido de la señora, ya sabe). Considerando tal situación, se ha fijado la pena máxima para el acusado (otra vez usted), esto es la pena de muerte, se haga justicia…
GUIDO -las correas de las manos están mal colocadas.
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PERSONAJES
Guido Renault – Crítico de arte, asesino.
Gutiérrez – Oficial a cargo
Gomes – Cabo, asiste a Gutiérrez.
Mecanógrafo – Encargado de volcar los hechos al papel.
Sara – Esposa del difunto.
Jorge – Técnico y operador de la silla eléctrica.
En Escena están Guido, Gutiérrez, Gomes, el Mecanógrafo y la señora Sara. Están todos reunidos en el hipotético Centro de Ejecución en lo Penal de la Capital Federal donde Guido va a ser ejecutado.
GUITIERREZ – … por tanto, el juzgado haya al acusado de nombre Guido Renault, Argentino, de treinta y cinco años de edad, DNI 12.155.234, domicilio registrado en Charcas 354, primer piso de la Capital Federal de la República Argentina de profesión crítico de artes, en el cargo de autor intelectual del crimen de homicidio cometido en perjurio del señor Emilio Gillette, también Argentino, de profesión director de cine, fallecido el trece de abril del corriente año, en la Capital Federal, luego del estreno…
GUIDO – corrija estreno, ponga Avant Première
GUTIERREZ – Avante Premierd, o como se diga, de “pampa versus pompa”,
MECANOGRAFO – Disculpe la interrupción, Gutiérrez, como debo escribir ¿Avante Premierd, como suena?
GUIDO – De la única manera posible.
GUTIERREZ – Ponga estreno, que es más claro para todos, no se preocupe por esas cosas.
GUTIERREZ [continua la lectura] – culpable (se está refiriendo a usted por lo del asesinato del marido de la señora, ya sabe). Considerando tal situación, se ha fijado la pena máxima para el acusado (otra vez usted), esto es la pena de muerte, se haga justicia…
GUIDO -las correas de las manos están mal colocadas.
GOMES –Usted no se tiene que ocupar de esas cosas. ¡Este nos quiere decir como hacer nuestro trabajo, parece que vino de inspección!
GUTIERREZ –Y dígame Sr. ¿Trajo el documento de identidad?
GUIDO –Claro que no.
GOMES – Ah… el condenado no trae el documento de identidad consigo y encima nos quiere decir como se hacen las cosas.
GUTIERREZ – Señores, así no se puede continuar la ejecución: el HOMBRE-MUERTO-CAMINANDO no trajo los documentos.
GUIDO – [Aclara a todos] Se trata de una pésima traducción del inglés. Si les es de ayuda, tengo la cédula de identidad en el bolsillo delantero del saco.
GOMES – Eso no le va a servir. Para este tipo de trámites hace falta el documento.
MECANOGRAFO [Escribe en la máquina, pronuncia en voz baja] suboficial Gomes indaga al recluso sobre la portación de documento. El recluso contesta de forma negativa. El suboficial indica que requiere el documento de identidad para completar el trámite […].
SARA –Si podemos ser breves con este temita… Tengo que estar en lo de mi cosmetólogo a las siete.
GUTIERREZ – Bueno, bueno, cabo Gomes, por esta vez podemos dejarlo pasar, solo para hacerle el favor a la señora que al fin y al cabo es la mayor damnificada.
MECANOGRAFO [escribe y pronuncia en voz baja] Y Gutiérrez indica al recluso la posibilidad de continuar el trámite sin la docu…
GUTIERREZ [al mecanógrafo] No hace falta que tome nota de eso.
MECANOGRAFO – [Asiente con la cabeza, retira la hoja de la máquina y hace un bollo con ella. Coloca otra hoja en blanco, pesadamente y comienza a escribir lo sucedido nuevamente, pronunciando en voz baja].
GOMES [a Guido]- Haga el favor de darnos la cédula antes de que uno de los dos se arrepienta.
GUIDO – Pero claro, tan pronto me quiten estas correas.
GOMES – Mas quisiera… Vamos, no se haga el estúpido y entregue la cédula como corresponde.
GUIDO – Ya le dije que está en el saco. Por dios.
GOMES – [Haciéndole burla, empastando la voz] por dios.
GUITIERREZ [a Gomes] – ¡Cabo! Haga el favor de llamar a Jorge, que venga inmediatamente. Ay, Ay, Ay… y el técnico que no aparece.
GOMES – Sí, enseguida. [Toma el teléfono, y marca varias veces].
SARA – ¿Y?
[El cabo Gomes tipo sigue marcando]
GOMES – No hay caso, no atiende nadie ¿¡Qué quiere que le haga!?
SARA – Usted seguro que sabe como opera ese aparato ¿no es cierto?
GOMES [Dubitativo] – Bueno, si, he visto el procedimiento muchas veces.
SARA – Vamos, hágame el favor.
GUIDO – Mas quisiera… [Con sorna]
GOMES – Tal vez podría…
GUITIERREZ – Ni lo intente.
GUIDO – Vamos hombre… ¿Qué es lo peor que puede suceder? ¿Qué me electrocute más de la cuenta? Si el hombre se muere de ganas…
GUTIERREZ – Oiga, ya perdimos dos sillas a causa del mal uso del operador. Estas cosas son muy delicadas, desde que las fabrica Yamaha, los técnicos están tocando de oído.
SARA – ¿Por qué no habla con el tintorero de la esquina, seguro que le puede dar una mano?
GUITIERREZ – No se puede, los chinos se fundieron hace rato, los mató esa cadena, ¿como era? Lave-Rap.
GUIDO – Yamaha es una empresa de capitales japoneses, no chinos.
GOMES – Lo mismo da, los manuales no se entienden para nada, todos los orientales son igual de retorcidos para lo que sea escrito. ¡Quédese quieto que se aflojan las correas!
SARA – Así no vamos a terminar nunca. Y yo tengo que estar a las siete.
GUTIERREZ –Bueno, bueno, señora. Hacemos lo que podemos. Lo único que le pedimos es un poco de colaboración hasta que llegue el técnico operador de la silla.
GUIDO –Son unos inoperantes, señores. Hace horas que estamos todos aquí perdiendo el tiempo por puro capricho. Si me estuviera ocupando yo mismo de este asunto ya me hubiese electrocutado a la perfección y estaríamos cada uno de vuelta en lo suyo.
SARA –Menos usted, que anda matando maridos a sangre fría por ahí por lo que va sonar como arpa vieja. Y bien prontito, antes de que yo vaya a ver a mi cosmetólogo ¿No es cierto Cabo?
GOMES – No le sé decir señora, espere que venga el técnico.
GUIDO [a Gutiérrez] – ¿Y no le va a pedir que siga intentando al teléfono?
GOMES – [a Guido] Usted no se meta ¿Acaso tiene también un compromiso más tarde, algún asesinato quizá? Mejor va a avisando que no va a llegar. [Satisfecho].
GUTIERREZ – ¡Cabo! Déjese de tonterías y haga el favor de volver a llamar al técnico.
GUIDO – [a Gomes] Como le indiqué anteriormente…
GOMES – [burlándose, empastando la voz] Como le indiqué anteriormente. Marca varias veces.
GUTIERREZ – [al mecanógrafo] ¿Está lista la orden de ejecución?
MECANOGRAFO – [dice no con la cabeza].
GUTIERREZ – Y vamos entonces… comencemos mientras viene el técnico.
MECANOGRAFO – [Coloca una nueva hoja]
GUTIERREZ – El Centro de Ejecución en lo Penal, formado primeramente por el Doctor y Oficial Pedro Gutiérrez, cuyo DNI está identificado por el número dieciséis millones trescientos cuarenta y un mil doscientos veinticuatro, domicilio inscripto en Lavalle tres mil cuatrocientos noventa de la Capital Federal de la República Argentina; El Suboficial Lorenzo Gomes, con DNI veintiún millones trescientos veintidós mil cuatrocientos quince, domicilio cito en la Provincia de Buenos Aires, se haya reunido aquí, en el Centro de Ejecución en lo Penal de la Provincia de Buenos Aires, por orden del Tribunal Superior de Justicia de la misma Provincia, la cual fue emitida el trece de diciembre del corriente año, expediente 13.115.297/3. Visto que teniendo tal orden el resultado desfavorable a la conservación de la vida del imputado cuyo nombre es Guido Renault, de treinta y cinco años de edad, argentino, DNI 12.155.234, domicilio registrado en Charcas 354, primer piso de la Capital Federal de la República Argentina. […]
SARA – [Bosteza, toma una lima de su cartera, comienza a usarla con sus uñas]
GOMES – [Al teléfono, se tapa el oído libre con la otra mano para escuchar mejor] ¡Hola! ¿Hablo con El técnico? ¿Hola? ¿A que hora piensa venir? ¡Más fuerte!
GOMES [a todos]- Pregunta si hay un alargue.
GUTIERREZ – Dígale que no. Que venga inmediatamente. [Sigue dictando]
SARA – ¡Esperen! Creo que tengo uno en la cartera.
GOMES – [al teléfono] Momento, Sí, parece que acá hay, la señora del difunto que viene a presenciar la ejecución […]
GUIDO – [Interrumpe] Diga electrocución que es una palabra más precisa y queda mejor.
GOMES – Electrocución, ya sabe, la cuestión es que la señora dice que tiene uno en la cartera. Perfecto, lo esperamos [corta].
[Suena el teléfono]
GOMES – [Atiende el teléfono] ¿Si? [A todos] Pregunta de cuántos metros es, y si por casualidad no tendrá también un adaptador de la norma italiana a la americana.
SARA – Ya me fijo [Comienza a sacar cosas de la cartera: Papelitos de colores, pañuelos, caramelos ácidos, unas tijeras, pelotitas de ping-pong, una coca-cola cero, papel de regalo, cinta aislante, un peluche, otra coca-cola cero, dos revistas de moda, un perro de goma, una tenaza, guirnaldas, una plancha, otra cartera más chica…].
GOMES [Al teléfono] – Se va a fijar ¡Pero venga de una vez!
GUTIERREZ – […] considerando que el tribunal de Apelaciones en lo Penal rechazare oportunamente el pedido de anulación de la causa que atañe al acusado cuyo número de expediente es el 13.115.297/3 y por la cual […]
SARA – ¿Puede ser esto lo que necesitan?
GOMES [Al teléfono] – Listo pero métale que tenemos acá sentado al HOMBRE-MUERTO-CAMINANDO.
GUIDO – [Hace un gesto de fastidio por la expresión. Sentando camina en el aire con cara de zombi]
GUTIERREZ – […] concediéndose por tanto una última… Momento… ¡Gomes! ¿El Hombre Muerto ya almorzó?
GOMES – ¡Como quiere que lo sepa! ¿Por qué no le pregunta al Hombre Muerto, que lo tiene al lado?
GUIDO – Señores, por favor, realmente me da náuseas de solo pensar que ustedes crean que pude a ver probado esa cosa informe que tienen el tupé de llamar ración pero que el vagabundo más ignorante de un país europeo bien podría confundir con el estiércol de un zorrino.
SARA – Ahí esta de nuevo, soltando su diatriba asesina. ¡Asesino! [Enfurecida, se lanza hacia GUIDO propinándole carterazos]
MECANOGRAFO – [Transcribe lo que escucha de GUIDO y SARA, repitiéndolo en voz baja] …confundido con el estiércol de un zorrino.
GOMES – Cálmese por favor señora. Y usted haga el favor de guardarse sus opiniones que esto no es Puerto Madero. Si no le gusta, no lo come, mire que fácil.
GUTIERREZ – ¿Pero que dice, hombre? Si sabe que tiene derecho por ley a una última comida a elección, como en las películas. A ver, usted… ¿que quiere?
MECANOGRAFO – [Sigue Escribiendo, en voz baja] Y ESTO NO ES PUERTO MADERO…
GUTIERREZ – [al mecanógrafo] no hace falta que tome nota de esas cosas.
MECANOGRAFO – [retira la hoja y hace un bollo, vuelve a colocar pesadamente otra hoja en blanco].
GUIDO – Algo temprano para una cena, pero bien, para comenzar, una tabla de Camembert bien estacionado, acompañado de un Chablis, crecido entre cipreses de mediana edad al borde de un arroyo de poco caudal en otoño pero desbordante en primavera, que sea firme, aterciopelado, en lo posible…
GOMES – [Interrumpiendo] No tengo la menor idea de lo que está hablando pero estoy seguro de que -por lo menos- la mitad de lo que dijo no existe.
SARA – ¿Que podemos esperar de un psicópata asesino delirante?
GUIDO – Que podríamos [corrige]. En fin… tienen una carta entonces.
GUTIERREZ – Por supuesto, tenemos el volante de “Cosa Nostra”
GUIDO – Un Ristorante Italiano? Perfecto… Hágame el favor de pedir un plato de Rissoto di gamberoni e pinoli al burro, para acompañar…
GOMES –Pare un poco hombre, en este lugar no le sirven burro, lo más que le preparan con carne son sándwiches de milanesa.
GUIDO – El único burro del que se está hablando aquí es usted. Cuando yo digo burro, no estoy haciendo referencia al asno, al equus asinus, ese mamífero cuadrúpedo de orejas largas que suele encontrarse en las llanuras argentinas, en el campo. Cuando digo burro, estoy usando la palabra de la lengua italiana para designar a la manteca. Esta palabra, rodeada de las otras palabras de mi oración es el medio obligado de llamar a exquisito plato de spaghetti que acabo de mencionar.
GOMES – ¡Mire que hacer tanto ruido por unos de fideos con manteca! ¡Gutiérrez, vea la clase de cosas que tenemos que aguantarles a estos criminales! Oiga, usted, Cosa Nostra es la pizzería de la esquina. No hacen fideos.
GUIDO – Entonces paso… gracias.
GUTIERREZ – ¿Y qué le parece la parrillita de Rivadavia y Santa Fe?
GUIDO – No he tenido el placer de ir aun. Me permito declinar la oferta nuevamente.
GUTIERREZ – El asunto, es que tiene que elegir un plato por ley. Así no podemos continuar la ejecución, es un formalismo.
SARA – ¿Por qué no llama a la Heladería de la esquina? Tengo el número en el celular, a ver…
GUTIERREZ – ¿Y que le parece? La Cosa Nostra o lo que le propone la señora. Le recomiendo lo último (un poco porque ya me está dando ganas a mí también).
GUIDO – Muy bien, acepto con gusto, dado que por ley no me queda otra alternativa. Que sea pistacho y crema del cielo.
GUTIERREZ – ¡Siempre piden crema del cielo! ¡Cabo! Llame a la heladería y pida un cuarto de pistacho con crema del cielo para EL HOMBRE MUERTO.
SARA – Ay, yo la verdad es que me tenté, anótenme uno chiquito de limón y ananá Light. ¿Usted, Gomes, dígame que le gustaría?
GOMES – Sí, claro, un Don Pedro.
GUTIERREZ – Cabo… No olvide que está en servicio.
GOMES –Bueno, tiene razón… déjeme ver, hmm…, que sea de vainilla con chocolate, sí.
MECANOGRAFO [escribiendo, pronunciando en voz baja] – ORDEN DE SERVICIO. EMITIDO POR: CENTRO DE EJECUCION EN LO PENAL DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES. DIRIGIDO A: HELADERÍA, VISTO QUE EL CONDENADO A RECIBIDO LA PENA MAXIMA POR EL CRIMEN DE HOMICIDIO…
GUTIERREZ [Al mecanógrafo] – Haga el favor de ser breve. Nuestro heladero no tiene formación en leyes.
MECANOGRAFO [Hace un gesto con la mano indicando entender]- CONSIDERANDO QUE POR LEY SE OTORGA EL PRIVILEGIO DE UNA ULTIMA CENA A ELECCION AL CONDENADO. SE DETERMINA EL SIGUIENTE PEDIDO: CUARTO DE HELADO PARA LLEVAR DE PISTACHO CON CREMA DEL CIELO, OTRO CON LIMON Y ANANA LIGHT CON LAS MISMAS CARACTERISITICAS Y… [Retira la hoja, y se la entrega a GOMES]
GOMES [marcando, al teléfono con la hoja al lado]
[SUENA EL PORTERO VARIAS VECES]
SARA – ¡Ay! Ese debe ser el señor electricista.
GOMES – ¡Eh! Silencio que no escucho nada.
GUTIERREZ – Cabo, largue eso, que vino el muchacho de la electricidad.
GOMES – [Al teléfono] Bueno, Bueno, sí. ¡Un momento carancho! No, a usted no que me…
GOMES – ¡Me cortó! Será…
-SARA – Vaya a abrirle al señor electricisista y déle, de paso, el alargue este que me pidieron.
GOMES – Un momento señora. [Ahora al portero] ¿Abre? ¡¿Hable hombre, me escucha?! [El portero le da una descarga eléctrica] ¡Ah! ¡Me encajó una patada!
SARA – ¡Que bien! Olvídense de la silla, podemos ejecutarlo con el portero, entonces. Usted Guido, no hace falta que escuche.
GOMES – Negativo, la justicia solo permite declarar a un hombre muerto caminante completamente muerto si se usa la silla.
SARA – Mire que fácil, usamos el portero y lo sentamos en una silla de estas.
GOMES –La silla señora, no cualquier silla.
SARA – No le entiendo lo que dice, cabo. ¿Por qué no lo atamos al portero y listo? Creo que tengo un rollo de cinta de embalar por algún lado… [Empieza a sacar objetos de la cartera: una par de guantes de manopla, un magic-clic, he-man, un sifón de soda de restaurante, Skelletor, un abanico español, dos latas de atún, un candelabro]
GUIDO – Señora, El cabo Gomes se refiere a la silla sobre la que estoy sentando en este momento, cosa que indica, sin embargo, con cierta torpeza.
GOMES – [Haciéndole burla, repitiendo con la boca empastada] Con cierta torpeza.
GUTIERREZ – Basta Gomes. Sara, el cabo Gomes está en lo cierto. Por mucho que quisiéramos, no podríamos matarlo por completo (de la manera que nos lo exige la justicia) sin servirnos de la silla.
[Suena otra vez el timbre]
GOMES – Eso trato de decirle, la justicia mata de otras maneras. En seguida vengo. [Se retira]
GUITERREZ – Claro, a ver si lo puedo poner en palabras sencillas para que me entienda: hay procedimientos –formas de hacer las cosas- que deben cumplirse a raja tabla. El menor error puede hacer que se declare nulo todo el proceso y que el hombre muerto salga vivito y coleando (esto es en un sentido legal, por supuesto) y así la cosa, puede demorarnos años matarlo del todo.
SARA – Ah, mire usted, sí, sí. Yo tenía una amiga de la primaria, pobre, que se le aparecía los días feriados un ex-marido difunto que había ido preso por no sé que maniobra rara, seguro tiene algo que ver con eso que me cuenta.
[Entra el electricista seguido por el cabo Gomes]
GUTIERREZ [No presta mucha atención a SARA al ver llegar al electricista] – Sí, señora, quien le dice.
SARA – Igual -acá entre nosotros- le digo que si fuera por mí, el asesino ya estaría pegado al portero, a los gritos del primero “A” y el primero “B”, (los dos juntos para hacer más rápido), no se si me entiende. Usted Guido, no escuche.
GUITIERREZ – No sabría decirle, Señora Sara, si el asunto funciona de ese modo pero el técnico especialista puede sacarnos la duda.
GUITIERREZ – Jorge, déjeme que lo salude, Buen día, que bueno que ha venido.
ELECTRICISTA – Buen día Oficial, buen día a todos.
GUITIERREZ – Buen día, Buen día. Mire, la señora y yo queremos saber, en el supuesto caso de que se intentara liquidar a un crítico de cine usando el portero eléctrico, puntualmente lo que nos preguntamos es si la cosa se acelera en caso de presionar varios botones a la vez ¿me interpreta?
ELECTRICISTA – Le interpreto a la perfección, oficial, la verdad es que se trata de una pregunta un tanto complicada. En principio depende del cableado, lo que se dice el serie y el paralelo y del modelo de portero, ese tipo de cosas. ¿Están usando un modelo de fabricación nacional o china?
GUTIERREZ – No sabría decirle, porqué no me lo averigua.
ELECTRICISTA – Déjeme verlo y le contesto bien.
[Se pone a revisar el equipo, destornillador en mano]
GOMES – Señora, vaya haciéndose a la idea que acá los HOMBRE-MUERTO-CAMINANDOS los liquidamos con la silla, según el procedimiento, eso que propone es muy desprolijo, además de que va contra las reglas..
GUIDO – Oiga ¿y como llaman ustedes a los HOMBRES MUERTOS CAMINANDO que no han muerto por completo a causa de un error de procedimiento?
GOMES – Hmm… ¡Legajos!
GUIDO – De modo que me dejan solo dos opciones, morir del todo o reencarnar en un legajo. [Pensativo]
SARA – Eso debe depender de su religión ¿no es cierto? Usted me parece cristiano, tendrá que vérselas en el cielo o peor aun,en el infierno,que está lleno de tipos como usted que andan matando maridos exitosos.
GOMES – ¿Qué me dice del purgatorio?
SARA – No, lo cerraron hace unos años, no iba nadie. Este va al infierno, sí o sí. ¿Hace cuánto que no va a su iglesia?
GOMES – Esta es mi única iglesia ¿no se si me interpreta?
SARA – ¡Ay, que grosero! Se van a ir los dos al infierno, bien seguro.
GUIDO – Por la manera en que lo dice, presumo que usted no va a acompañarnos en tal aventura. No ha de ser un lugar tan terrible después de todo. En todo caso, hábleme Cabo un poco más del modo legajo, puede que me interese.
GOMES – Usted no toma esa clase de decisiones.
GUITIERREZ –Vea Guido, el pasar a legajo es una suerte que muy pocos caminantes como usted disfrutan, no es algo que suela pasar, somos muy rigurosos con el procedimiento.
GUIDO – Una reencarnación fortuita, un hecho caprichoso… [Comienza a frotarse la pera. Se da cuenta que se desprendió]. ¡Oiga, las trabas de las manos están mal colocadas!
GUTIERREZ – Cabo, ocúpese de ese asunto inmediatamente.
GOMES – Basta de trucos. Coloque el brazo de nuevo en posición, vamos.
GUIDO – Que truco ni ocho cuartos. Me gustaría ojear ese manual y decirle yo mismo como se lleva a cabo todo este asunto de manera apropiada. Usted es un inoperante. Nunca tuve la experiencia, con todos los lugares que he tenido la suerte de visitar, de toparme con un servicio semejante. Dos estrellas.
GOMES –No me haga reír, esto no es el Faena a pesar de que hayamos matado a más de una vaca criticona como usted ¡jajajá!
GUTIERREZ – Cabo, haga honor a su uniforme, compórtese correctamente, como un servidor de la ley. No haga bromas de mal gusto al hombre muerto mientras se encuentre de servicio.
GUIDO – Estoy plenamente de acuerdo con usted Dr. Gutiérrez.
GUTIERREZ – Bien, perfecto.
GUIDO –Exijo, Además, Cabo, que se haga responsable de la inexcusable realidad de que brinda un pésimo servicio en este establecimiento.
GOMES – No me haga reír.
GUIDO – Es lo único que le falta, verdaderamente. Un pésimo servicio.
GOMES – A ver, dígame en que otros lugares lo ejecutaron mejor que acá.
GUIDO – Bueno, soy un hombre de mundo y como tal he presenciado la ejecución de innumerables actos de bien público de la mano de funcionarios importantísimos en París, Londres, Budapest, Ciudad del Cabo.
GOMES – Está dando vuelta lo que le digo, ya sabe que no lo ejecutaron antes, no tiene bases para ponernos dos estrellas. Maldición, No llega… [Forcejeando con las correas]
GOMES – A ver, que no llegan estas correas. Los asesinos en china son mucho más chicos que los de acá.
GUIDO – Asesinos japoneses querrá decir.
GOMES –Lo que sea. La cuestión es que no para de quejarse y nos pone dos estrellas, a la vez que pide que se le trate bien. No veo la hora de que terminemos con todo este asunto.
GUIDO – Espere un momento, en eso voy a darle la razón, puede que me haya apresurado a rankearlo tan bajo, déjeme reevaluarlo.
GOMES – Por supuesto, tómese el tiempo que necesite pero quédese quieto que la correa no llega.
GUIDO – Claro, sí.
GOMES – Hmm… [Forcejeando con la correa]
GUIDO – Lo veo en dificultad, si tan solo me liberase la mano izquierda podría tal vez ayudarlo sosteniendo el broche.
GOMES – Ni lo sueñe y no se haga el simpático.
ELECTRICISTA – ¡Oficial! Venga a ver esto [El otro se acerca]. Fíjese como están estos empalmes, es un peligro, el que le hizo este trabajo es un chambón, no debería haberles cobrado un peso.
GUTIERREZ – Sí, sí, veo.
SARA – ¡Qué barbaridad!
ELECTRICISTA – Esto debería tener un empalme doble acá, mire como se asoma el cobre.
GUTIERREZ – Un peligro, tiene razón.
ELECTICISTA – No se preocupe, lo vamos a dejar como nuevo.
GUTIERREZ – Óigame una cosita, ¿Está seguro de que este trabajo no lo realizó usted?
ELECTRICISTA – No oficial, yo trabajo de otra manera, ni se le ocurra pensar que tengo algo que ver con esto, el que hizo este trabajo es un chambón.
GUTIERREZ – Mire, la verdad, me parece que usted era responsable de estas instalaciones en aquel tiempo, pero bueno, déjelo, no hace falta que devuelva la plata, total no la ponemos nosotros.
MECANOGRAFO [escribiendo y hablando en voz baja]– EL ELECTRICISTA A CARGO Y EL OFICIAL GUTIERREZ EVALUAN LA POSIBILIDAD DE ELECTROCUTAR AL CONDENADO SIRVIENDOSE DEL PORTERO ELECTRICO DESCOMPUESTO. … Y GUTIERREZ INDICA QUE NO HACE FALTA EL REINTEGRO DEL PAGO POR EL TRABAJO EFECTUADO SOBRE LA SILLA QUE RESULTARA DE MALA CALIDAD YA QUE NO FUE NECESARIO PAGARLO DE SU PROPIO BOLSILLO
GUTIERREZ – Eh, ¡oiga! ¡No hace falta que tome nota de esas cosas!
MECANOGRAFO [retira la hoja fastidiado, resopla]
GUTIERREZ – Jorge, por favor, expláyese sobre lo que le hemos preguntado con la señora.
ELECTRICISTA – La verdad, permítame decirle nuevamente que se equivoca respecto a mi participación en el trabajo pero volvamos a lo otro que me preguntaba. Mire como vienen estos cables, esto responde su pregunta: lo mismo da que toque un único timbre o que le jueguen al ring-raje cuarenta chicos de primaria al mismo tiempo, me capta.
GUTIERREZ – Bien, queda aclarado el asunto entonces, el método no sirve. Ocúpese por favor de preparar la silla que estamos retrasados.
ELECTRICISTA – Fenómeno, seguro no me lleva más de cinco minutos. [Comienza a manipular la parte trasera de la silla, donde están los tapones, cada tanto caen algunas piezas al piso: tornillos, cables, etc.]
GUIDO – Oiga usted, ¿hace cuanto se dedica a estos asuntos? ¿tiene la matrícula al día?
GOMES – El muchacho es un profesional.
ELECTRICISTA – Déjelo Gomes. Soy el mejor electricista de la zona, pregúntele a cualquiera.
GUIDO – Señora, ¿estamos frente al mejor electricista de la zona?
SARA – No le sé decir.
ELECTICISTA – Señora, pregúntele a cualquiera.
SARA –Está bien, si acelera un poco el arreglito de manera que yo pueda llegar a tiempo a lo de mi cosmetólogo, no voy a tener manera de agradecerle.
ELECTRICISTA – Si fuera posible… pero es que esto está todo mal hecho, no se quien metió mano acá.
SARA – Sí, claro, bueno, haga lo mejor que pueda.
ELECTRICISTA – ¡Un desastre! [Hablando solo]
GOMES – Vamos hombre, usted es el único que opera el aparato desde que lo cambiamos por el Yamaha.
ELECTRICISTA – Si, bueno… es que estos chinos son unos retorcidos, le hacen todo de un tamaño que resulta imposible de operar con manos occidentales.
GUIDO – ¡Por favor! Yamaha es una empresa de capitales japoneses, no chinos.
ELECTRICISTA – ¡Venir a corregirme a mí! Sepa que está completamente equivocado.
GOMES – ¿Ve lo que tenemos que soportar aquí? ¿A ver hombre, dígame por ejemplo, los palitos chinos son de los japoneses también?
GUIDO – ciento por ciento japoneses como la flor de loto, los equipos de audio de alta fidelidad y el queso.
GOMES – ¿El queso? ¿Cuál queso? No voy a permitir…
GUIDO – El tofu, un invento oriental, cuatro mil años de antigüedad.
GOMES – Eso no es queso.
GUIDO – ¿Y que es?
GOMES – Un cuento chino.
GUIDO – japonés, querrá decir.
GOMES – Lo que sea. Pero una porquería, nada que no pueda comerse entre dos panes es un queso.
GUIDO – ¿Qué me dice de la Mozzarella?
GOMES – Nada, no se vaya por las ramas, estamos hablando de cosas chinas.
GUIDO -como los dragones.
GOMES –No, como los porteros eléctricos.
ELECTRICISTA – Cabo, le juro que hoy lo único que falta es que me venga a decir la señora que no debería dejar que se toquen esto cables…
[Se ve un fogonazo, y se corta la luz]
ELECTICISTA – ¡AAAAAAAHHHHHHH! [Vuelve la luz repentinamente, recibe un choque eléctrico]
[Se corta la luz nuevamente]
GOMES – Oiga, ¿está bien muchacho? Espérese un segundo, le voy a dar una mano. De tanto verlo trabajar todos estos años aprendí una o dos cosas. [Se acerca a la silla]
ESLECTICISTA – No es nada, ya lo tengo.
ELECTRICISTA Y GOMES – ¡AAAAAAAHHHHHHH! [Vuelve la luz repentinamente, reciben un choque eléctrico]
GOMES [A los gritos] – ¡Hombre! ¿No le digo que espere un poco? Nos va a hacer sonar a los dos.
SARA – ¡Ay, se me ocurrió una idea! ¿Por qué no dejamos que el hombre muerto caminante, como le dicen ustedes, se encargue de arreglar la silla el mismo? Parece que podemos hacer más rápido.
GOMES – Imposible, ya hablamos del asunto señora. La justicia no le mata nadie a menos que esté sentado en una silla.
SARA – Solo en silla, qué cosa…
GUIDO – Así es, Señora, el tremendo peso de la justicia pende sobre nuestras cabezas desde que la civilización existe, pende sobre cada uno de nosotros, esperando que demos el traspié que cortará la cuerda que nos mantiene en este mundo. La mayoría del tiempo, estamos parados, todo anda bien, pero, lamentablemente, más tarde o más temprano la gente realiza una tarea agotadora, ha bebido demasiado o comido en exceso, siente el embotamiento, el cansancio. [Sara escucha con atención y se mueve incómoda en su silla] Luego, en lugar de recostarse unos momentos, entregarse una encantadora siesta, o simplemente dejarse llevar a lo profundo del sueño, optan por la peor carta de la baraja, aquella potencialmente mortal, aquella que deja a la justicia con la jugada ganadora.
SARA – ¿Sentarse? [Angustiada]
GUIDO – ¡Exacto! [Gritando escandalosamente]
SARA – ¡Ay! [Saltando repentinamente de su silla, con terror]
GOMES – ¡Pero basta hombre, no la confunda más de lo que está! Señora, escuche bien lo que le digo: cuando digo silla me refiero a la silla no a cualquier silla, la silla que el manual de procedimientos de la policía federal dice que debe usarse para estos casos hasta que una revisión o un cambio político indique otra cosa.
GUIDO – ¡No se deje engañar tan fácilmente, señora!
GOMES – ¡Basta, recluso, cállese la boca! [Lo toma por la camisa, con bronca]
GUTIERREZ – ¡Cabo! ¿Será posible que se ponga de ese modo por dos pavadas que le diga el hombre muerto?
SARA – Cabo Gomes, haga el favor de aclarar esta situación.
GOMES – [Con paciencia] Por supuesto señora, es lo que estaba tratando de decirle. Mire, es una cuestión de procedimiento, de cómo deben hacerse las cosas, no hay nada mágico en el asunto. Podría haber sido de cualquier otro modo, antes de que se fijara el procedimiento, pero se ha escrito así y ahora no se puede hacer de otra manera.
GUIDO –Una cuestión meramente burocrática, caprichosa de cabo a rabo.
SARA – ¿Caprichosa dice?
GUIDO – Es lo que acabo de decir.
SARA – ¿Es así como dice el hombre muerto? ¿Un capricho?
GOMES –Bueno, por decirlo de algún modo.
SARA – ¡Ay, yo no puedo más! ¿Ustedes se creen que yo tengo todo el día para perder acá? Dejé muchísimas cosas sin hacer desde la mañana para venir a hacerles de testigo a ustedes ¿Y quién se va a ocupar de hacerlas? ¡Ustedes no, por supuesto! ¿Y todo para qué? ¡Para que coman helado y pasen el día lo más bien mientras a mi se me atrasa todo. Lo único que hacen es perder el tiempo y evitar hacer lo que tiene que hacer. Ya no se decirle cuántas formas tuvo de ejecutar al caballero.
GUIDO – Diga electrocutar.
SARA – … electrocutar, como sea, y sin embargo sigue poniéndole excusas al asunto, perdí la cuenta…
GUIDO – Cuatro formas de electrocución para ser precisos, todas mortales.
GOMES – ¿Está contando la del portero? El electricista descartó…
SARA – Cállese.
[Se corta la luz]
GOMES – Oiga…
SARA – Cállese.
GOMES – Pero como…
SARA – Haga su trabajo, en silencio. No quiero escuchar una palabra más de usted que no esté referida a la muerte del caballero.
GUIDO – muerte o legajo, no se olvide de esto último.
GOMES [al ELECTRICISTA] – Bueno, ¿y? ¿Ya está listo el aparato?
GUIDO –Oiga, en caso de volverme legajo, me gustaría decidir el tono mientras aún conservo la apariencia humana: el marfil es muy elegante y apropiado para estas circunstancias, ¿qué me dice?
GOMES – Imposible, acá exclusivamente esos que son medio naranja, medio marroncitos.
GUIDO – Una excelente elección para personas vulgares que participan de una institución con poca imaginación. Dos estrellas.
GOMES – No insulte, condenado.
SARA – Fíjese como acaba de llamarlo usted, antes de pedir consideraciones.
GOMES -Es un término técnico, señora.
GUIDO – Un insulto, técnicamente.
GOMES – Miren, yo no inventé la palabra, es lo que dice el manual.
SARA – ¿Y si el manual dijera que debe usted mudarse al Unitorco y vivir de la caza de mariposas, obedecería?
GOMES – El manual no dice esas cosas.
SARA -¿Y si lo dijera?
GOMES – No voy a hacer comentarios al respecto, dado que no está en el manual.
GUIDO – No veo porqué no ¿El manual le dice a caso que debe caminar de ese modo?
GOMES – Claro que no, eso se da por supuesto.
GUIDO – Que me dice de la forma en que mira las piernas de la señora ¿Eso también figura en el manual o se da por supuesto?
GOMES – Nadie está mirando de ninguna forma particular. En todo caso, es evidente para cualquiera que hay muchísimas cosas que no figuran en el manual y que quedan a criterio del uniformado.
GUIDO – Exacto. No podría estar yo más de acuerdo con usted. Muchas cosas quedan a criterio suyo. Sin embargo usted, culpa al manual por sus propias decisiones, como insultarme a mí deliberadamente o evitar la pregunta que le hizo la señora. El manual no dice nada al respecto. Reformulo la pregunta de la señora: ¿Que haría usted si el manual dijera que debe mudarse inmediatamente a la base del cerro Unitorco de nuestra querida provincia de Córdoba y dedicar su vida entera a la caza y pesca de seres extraterrestres?
GOMES – El manual nunca diría una cosa así. Déjese de tonterías.
GUIDO – Vamos, ¿y si lo hiciera? Si alguien le hubiera tendido una trampa y hubiese alterado el manual en tal sentido.
GOMES – Inmediatamente iniciaría la revisión de otros manuales y la inspección cuidadosa del material bajo herramientas de análisis forense y quedaría el engaño al descubierto muy pronto. Luego, iniciaría una pesquisa sistemática para encontrar a los culpables, en caso de que el hecho hubiera sido perpetrado por un civil, se lo sometería a un interrogatorio, exponiéndose a realizar el pago de una multa desproporcionada o a efectuar trabajos comunitarios irrelevantes por dos semanas. En caso de que el hecho hubiera sido perpetrado por un uniformado, se le iniciaría un sumario administrativo y su futuro en la fuerza sería más que dudoso.
ELECTRICISTA – Cabo, la silla está ya está al pelo. Se la dejé diez puntos.
GOMES – Espere un segundo ya estoy con usted.
GOMES [ a GUIDO Y SARA]– ¿Quedó claro?
SARA – Sí, sí.
GUIDO – Sepa que se equivoca.
GOMES – Eso lo veremos. [Al técnico] ¿Bueno, ya está lista la máquina, entonces?
ELECTRICISTA – sí, quédese tranquilo.
GOMES – Fenómeno, si quiere ir yendo no es ningún problema.
SARA – Espere, Sr., Como lo sabe si aún no la ha probado.
GUIDO – El hombre es un profesional, no requiere tales verificaciones.
SARA – ¿Pero cómo dice eso ahora? Usted mismo ha dicho que no puede distinguir un chino de un uruguayo.
GUIDO – Un conocimiento meramente geográfico, una distracción de la memoria, una mera prueba de cultura general. Tal error muestra cuán especializado ha de estar nuestro muchacho en todo aquello que concierne a la electricidad. Le aseguro que no podría dejarme más tranquilo al saber que este joven, este genio de la electricidad, se ha ocupo tan eficientemente de mi caso. Cinco estrellas.
SARA – Ni se le ocurra retirarse sin probar esa silla.
GUIDO – Claro que si usted considera que esta tarea debe llevarse de este modo, a pesar de lo que opine el manual o el cabo…
GOMES – ¡Señores! Les recuerdo que están ustedes aquí a modo de testigo y condenado. No pueden dar orden alguna a nadie, siquiera al personal de mantenimiento.
SARA – Lo que le digo es porque…
GOMES – ¡Porque nada! Muchacho de la electricidad, retírese de una vez hasta que se requiera su presencia nuevamente.
ELECTICISTA –buenas noches. [Sale a toda velocidad]
GUIDO – Bueno, entonces, si lo comprendí correctamente, Cabo, dada su experiencia, su pericia, está usted en condiciones de discernir qué cosas son adecuadas y que cosas no, al margen de lo que diga el manual.
GOMES – Mayormente, sí.
GUIDO – Claro, entiendo.
GUITIERREZ [Volviendo con una pila de papeles] – ¿Está lista entonces la silla?
GOMES – Afirmativo
SARA – Solamente nos faltaría probarla…
GUITIERREZ – Perfecto entonces, la testigo puede tomar asiento, en unos minutos daremos comienzo a la última paso de este trámite que nos reúne tan felizmente.
SARA – ¡Ay, Por fin!
GUIDO- Será feliz para usted.
GUTIERREZ – Tiene razón, discúlpeme, es que trabajé diez años en el registro civil, solía oficiar en los casamientos.
GUIDO –Siga.
GOMES – Déme los documentos.
GUIDO – ¿Otra vez? No tengo más. Si le queda bien, puedo iniciar hoy mismo el trámite por pérdida en el registro nacional de las personas.
SARA –Ay, eso sería una picardía, con lo que tardan esas cosas y que lo vaya a usar por tan poco tiempo. Continuemos mejor, si total estamos todos de acuerdo en que es él mismo.
GOMES – Señora, ¿Cómo quiere que sigamos adelante con el procedimiento si no tiene la documentación? Es un disparate. Además, con los locos que hay sueltos hoy en día, quien le dice si no es uno que se nos quiere hacer el vivo para que lo reventemos.
GUIDO – Se le hacen los hombres muertos.
SARA – Ay, no le entiendo.
GOMES – No la confunda más de lo que está y entregue los documentos de una vez, que no se puede continuar.
GUIDO – Mire, la señora se confunde con facilidad y por otra parte, ya le he dado la documentación, lo que hizo con esta es problema suyo.
SARA – Creo que tengo una fotocopia del documento del señor en la cartera, espérese un segundo. [Comienza a buscar en su bolso]
GUTIERREZ – En fin, por esta vez lo podemos dejar pasar. La próxima vez no vamos a tener esta clase de consideraciones. Pónganse cómodos por favor, les recuerdo que está prohibido fumar por consideración al condenado. Tampoco se puede mascar chicles, señora si hace el favor…
SARA – Sí, cómo no… [Retira el chicle de su boca, y lo coloca en el envoltorio]
GUTIERREZ – Condenado, vaya pensando sus últimas palabras.
GUIDO – No hace falta, las tengo por escrito, si me hace el favor de alcanzarme los lentes y el pequeño presente frente a mi saco…
GUTIERREZ – Por supuesto. [Vuelve con un libro tremendo]
GOMES – No tenemos tiempo para que nos lea todo eso, es una barbaridad.
GUIDO – Me temo que no puedo leer tan solo un fragmento sin alterar la esencia del mensaje.
GUTIERREZ – ¿Qué le parece si nos lee el prólogo y el resto lo sigue cada uno en su casa? Después de todo, es solo un formalismo.
GOMES – ¡Hombre, vamos que se pasa la hora! Les recuerde que la hora de defunción viene preimpresa en el formulario y todo, ya estamos casi en infracción.
GUTIERREZ – Bueno, Bueno… vamos Guido, métale.
GUIDO – Bueno, bueno… señoras y señores, ha sido un gusto para mí…
GOMES [acciona la palanca a las apuradas, chispas, se corta la luz]
GUTIERREZ – ¡Me quiere explicar Cabo lo que acaba de hacer! [Enojado]
GOMES – Se me ocurrió que ya había terminado, además fíjese la hora que se nos hizo.
GUTIERREZ – ¡Mire las cosas que se le ocurren! Por otra parte se ve que la silla no quedó diez puntos ¿qué vamos a hacer con este muchacho?
GOMES – ¿Con el electricista? Lo llamo inmediatamente.
GUTIERREZ – ¡No, cabo, que hacemos con el condenado! No podemos ejecutarlo de nuevo.
SARA – Ay, no se preocupe, hagamos de cuenta que fue una prueba, vamos de nuevo, a la cuenta de tres…
GOMES- Sara, me temo que el oficial tiene razón, el reglamento es claro. Ya fue ejecutado…
GUIDO – Electrocutado.
GOMES – Eso, como sea, la cuestión es que para la ley el condenado es un legajo.
SARA – Está igualito, ¿está seguro de lo que dice?
GOMES – Me temo que sí, señora.
GUIDO- Bien, legajo o no, me retiro entonces.
GUTIERREZ – ¡Un momento, no tan rápido! Espere que le busco los documentos…
GOMES – ¿Qué cosa, seria este muchacho, no? Mire como nos dejó a oscuras…
SARA – y sí…
GUTIERREZ – Cabo, haga el favor de liberar al condenado de una vez.
GUIDO – No hace falta, estaban mal colocadas. Nos vendría bien unas velas.
GOMES – Señora, ¿ no tendría por casualidad?
SARA – Déjeme buscar en la cartera, me parece que tengo un paquete por algún lado… [Comienza a retirar cosas de la cartera y no vemos que saca pero se escuchan sonidos de todo tipo]
FIN
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